¡Señores, se cayó el sistema..!

Por Antonio Álvarez Burger

¿Qué es un sistema? Pues, me asisten ciertas dudas, aunque sí sé con certeza que no es en absoluto infalible. Sé que de ninguna manera asegura el éxito de cualquier acción que se emprenda. Es una combinación de partes reunidas para obtener un resultado incierto. Si no, ¿por qué motivo se lo pasan fallando?

¿Y?.. Pues que esa frase, que tiene la fuerza de una verdadera admonición apocalíptica, se repite y se repite en todos lados, cuando eventualmente las máquinas y los softwares deciden no funcionar. Entonces se paralizan las entregas de los certificados de nacimiento, de las cartolas de los bancos, de las licencias de conducir, del pago de cheques, de los bonos médicos y de todo documento sometido a sistemas computacionales veloces o lentos, que indefectible y constantemente se caen.

Si una empresa equis no dispone de los datos almacenados siempre que lo precise, de nada le sirven las inversiones que hace en tecnología de la información. Una administración ambiciosa de servidores o una operación de sistemas de acopio de datos en grandes volúmenes, es una labor que requiere de una especialización que va más allá de la actividad que tienen como objetivo la mayor parte de las firmas o empresas. Resulta que la caída del sistema (por paradoja revestido de una inhabilidad rayana en lo dogmático) es el único error que se les tolera a las computadoras. En todo lo demás se las considera herramientas absolutamente seguras. Su palabra es ley.

Si se cayó el sistema o éste funciona defectuosamente, el cajero u operador le dirá a usted (muy suelto de cuerpo): “En pantalla no aparece ningún pago, lo siento”. En ese momento crucial poco importa que el contribuyente le exhiba decenas de papeles acreditando que sí ha cancelado. Bueno, claro, porque la computadora (la dignísima y nunca bien ponderada computadora) dice que usted no ha pagado la deuda. 

Ahora, para ser sí muy justo en esta materia, debo precisar que un fallo en un sistema informático puede deberse a múltiples factores, tanto relacionados con la infraestructura de internet como con el hardware y software de las computadoras. No hay en este caso una respuesta única, ya que la causa puede ser una combinación de problemas o una falla específica en uno de estos componentes. De cualquier modo, le dirán a usted: ¡Lamentablemente el sistema es el que manda aquí, y dice que usted no ha pagado. Por favor, déjele el lugar al señor que le sigue en la fila. Después habrá tiempo para cotejar!

 Por cierto para la empresa, habituada a este tipo de situaciones, no pasa de ser un nuevo incidente. Pero al contribuyente no le queda otra que enfrentar el asunto con la resignación de siempre, ésa con que se acepta con una ira reprimida. ¿Cómo lo habrán hecho nuestros antepasados para solucionar tamaños problemas generados por la tecnología? Pensar que tenían que sacar las cuentas con los dedos, y anotar los resultados con plumas y lápices que ya casi nadie utiliza. Qué pena más grande. Pensar que ni siquiera tuvieron la posibilidad de escuchar esa dulce frase que tanto pone a prueba nuestra mansedumbre: ¡Se cayó el sistema! ¡Vuelva mañana señor! Le repito: Se cayó el sistema ¿Cómo no va a entender que no puedo hacer nada en este momento?