
Por Antonio Álvarez Burger
Esto del creciente aumento de la delincuencia en Chile, que apenas se toca con el pétalo de una rosa (porque la verdad es que no se abunda mucho en la explicación de medidas que la repriman efectivamente), más parece un tema tabú en estos tiempos que corren con tanta vertiginosidad en nuestro territorio.
Puede parecer una exageración, pero en este mismo instante hay más de un 40% de antisociales en libertad en el país (¡para no creerlo!), premiados muchas veces con los beneficios alternativos que contempla con lujo de detalles nuestra «sacrosanta» legislación. Algunos de ellos consisten, por ejemplo, en permutar la pena de presidio por la libertad condicional o en dar la libertad bajo fianza al malhechor aún no condenado. También se han «inaugurado» otros privilegios como el arresto domiciliario y el arraigo nacional. Hoy mismo, la abrumadora mayoría de los delincuentes –merced a jueces garantistas– aprovecha esta cortesía.
Gendarmería ha reconocido, por añadidura, que de esos varios miles de forajidos más del 50% son reincidentes, y que la cantidad de condenados puestos en libertad se ha incrementado en los últimos años sobre un 250% (¡Qué señales más perversas!). Pero sigamos: más del 80% de los primerizos condenados a menos de tres años de cárcel por delitos simples, deja el penal a cambio de firmar en el Patronato de Reos. Y resulta que algo así como la mitad (40%) de los reclusos en libertad provisional no cumple con este compromiso; en otras palabras, simplemente se esfuman. Y hay también modalidades como la libertad vigilada y la reclusión nocturna, pero para qué continuar si el tema de fondo es otro.
El asunto es que las malas vibras provienen de los más disímiles niveles involucrados en este «cuento de nunca acabar»: si la policía arresta a un lanza y lo pone a disposición de los tribunales, aquel vuelve muy suelto de cuerpo a las andanzas una y otra vez: agresivo y desafiante, gracias a esto que he planteado como un ciudadano común en el titular de este artículo, a modo de interrogante. Si una banda de criminales ataca con cuchillo en ristre a alguna persona en las cercanías de su hogar, y se alerta a las fuerzas del orden con la debida antelación para poder atraparlos, éstas se aparecen por el lugar del suceso hasta una hora después ¿La razón? Diáfana, y ya con bastantes precedentes: policías enjuiciados, otros condenados y no pocos dados de baja. Si un psicópata viola a una menor y es detenido, no va a faltar el juez que determine dejarlo en libertad, porque no hay pruebas suficientes para mantenerlo en prisión.
En otro orden, ¿es un buen indicio que prácticamente todas las casas en Chile tengan rejas de protección en las ventanas, antejardines y hasta en las puertas? ¿Cuándo se habían observado antes guardias contratados por los propios residentes de villas y poblaciones para proteger a sus moradores de potenciales criminales? La Fiscalía Nacional señaló en un boletín estadístico correspondiente al segundo semestre del año pasado, que los delitos ingresados al Ministerio Público aumentaron en un 19,6% respecto al mismo período anterior. (es decir, 156.610 delitos más).
En realidad hay mucho más que decir, porque las categorías de delitos son muy diversas. Los mayores incrementos se presentan en las categorías de “delitos de leyes especiales” con un 383,2% (141.055 delitos adicionales), “otros delitos” con un 24,7% (4.903) y “delitos económicos y tributarios” con un 4,4% (3.621). El 80% del incremento de esas categorías se explica por el aumento en el “uso malicioso de tarjeta, clave o dispositivo financiero art. 7, ley 20.009” y “estafas y otras defraudaciones contra particulares”. La categoría “otros delitos”, presentó los mayores incrementos en “portar aparatos de comunicación en recinto penitenciario art 340 ter CP” con un 177,4% (1.494 delitos adicionales) y “abandono o maltrato animal art.291 bis” con un 31,1% (1.037). En cuanto al tipo de imputados, el 68% de los casos ingresados presentan imputado desconocido. Esto se explica, en parte, por los aumentos en los ingresos registrados en los delitos de “uso malicioso de tarjeta, clave o dispositivo financiero» art. 7, ley 20.009” y “estafas y otras defraudaciones contra particulares”.
Las categorías de delitos que presentan las mayores disminuciones son los “delitos contra la libertad e intimidad de las personas” con un 1,1%, “otros delitos contra la propiedad” con un 1,9% y “robos” con un 1,3%. Dentro de dichas categorías destacan las reducciones en los delitos de “robo con intimidación» art. 433, 436 inc. 1º” con un 14% (3.465); “lesiones leves art. 494 N°5” que disminuye un 4,1% (1.639) y “fraude en transacciones electrónicas art 7° Inc. final Ley N°20.009” con un 97,1% (1.482). En el período analizado se observó un incremento del 1,2% en los ingresos de la categoría de homicidios, respecto del mismo período del año anterior. Este fenómeno se explica principalmente por el aumento en los delitos de “auxilio al suicidio” con un incremento de un 106,1% (35 delitos) y “parricidio” con un aumento de un 37,3% (12). Por otra parte, las principales disminuciones son los “homicidios simples” 1% (equivalente a 13 casos) y el “homicidio calificado” que se reduce en un 15,4% (12 delitos).
¿Qué opina usted? ¿Favorecen o no nuestras leyes la comisión del delito? ¿Es correcto decir: Chile se halla entre los países más seguros de Latinoamérica, y por ello sentirnos orgullosos? ¿O aseverar que Chile se encuentra entre los países latinoamericanos menos inseguros?, y experimentar más placer aún… A mi juicio las mismas heces, sólo que con distinto olor.

