¡Un, dos, tres, duérmase!

Por Antonio Álvarez Burger

A cuenta me ha venido el temita aquel del encanto de dormir siesta (por unos veinte minutos después del horario del refrigerio en «la pega»), que un diputado se encargara hace un tiempo de traernos a colación, con la amenaza «adjunta» de convertirlo en proyecto de ley.

Para no pecar de insincero, debo confesar que no es una idea descabellada, aunque (como decía el honorable en comento), los que más se mofaban y sonreían con su ocurrencia fueron muchos ejecutivos y políticos «que se la duermen toda» en sus oficinas o en pleno debate legislativo, según el caso. La verdad es que esta práctica es corriente en China, donde el derecho al xiuxi (siesta) está protegido por la propia Constitución Política del Estado. Y en Japón, en la mayor parte de las empresas, se les impone a los trabajadores un tiempo de reposo durante la jornada diaria, porque han comprobado que la siesta reduce considerablemente el riesgo de accidentes laborales y aumenta, en la misma proporción (cerca de un 35%), el rendimiento laboral.

Por ahí, Philippe Cabon, investigador de la Universidad de La Sorbona, en París, ha sostenido que un descanso del tipo «siestero», de mínimo 15 minutos, deja al empleado «tiqui-taca». Y los filósofos –para no ser menos– han señalado que las conclusiones de una investigación no muy lejana sobre el sueño «sugieren que los seres humanos están biológicamente programados  para dormir la siesta». Más aún, refieren que nuestro organismo puede resentirse si de todos modos nos empeñamos en permanecer despiertos después de la hora de almuerzo o colación.

Así que –«guachitos»– le pese a quien le pese, este honorable del que les hablaba al comienzo, tenía toda la razón. Vean ustedes: Pierre Portero (el apellidito que se gasta), director del Centro de Sueño y Salud de Francia, manifiesta que no es sólo la capacidad de concentración lo que se pierde en las horas de la tarde, luego de comer. Algunos estudios apuntan que después de siete horas de vigilia, hacia la media tarde, para la mayoría de nosotros el cuerpo comienza a producir péptidos delta, una sustancia que provoca el sueño y que viene a ser algo así como un soporífero que se halla en estado natural en el organismo humano. (¿Será por eso que nuestros vecinos de La Argentina, que hasta después del mate se duermen su siestecita, nos llevan por delante en casi todos los deportes?).

Carl Hindmarch, fundador de la British Sep Society, sugiere que la siesta es una tendencia biológica que traspasa las barreras culturales. Ha afirmado que la gente –particularmente en vacaciones– piensa que la somnolencia de la tarde se debe al consumo de las comidas pesadas o al fuerte calor del mediodía. Y no es así. Durante la fase de sueño profundo se segregan hormonas como los muramil péptidos, de vital importancia para el organismo, porque renuevan los tejidos y fortalecen el sistema inmunológico, al tiempo que eliminan los productos secundarios del metabolismo celular, preparando de este modo al organismo para otro período de vigilia.

De tal manera que –señores–, más respeto con el fallido intento del honorable diputado. El hombre, cuando lanzó la idea, se había pertrechado adecuadamente de experiencias probadas en otras latitudes con un éxito rotundo. Abandonarse a los cálidos brazos de Morfeo, para sacudirse de esa sensación de agobio pasajero que se nos viene por las tardes, definitivamente no es ningún bostezo.., perdón.., quería decir que no es ningún pecado.