De Felipe Marín Álvarez
Dpto. Matemáticas U. Andrés Bello
Es inquietante que, pese a todo lo aprendido sobre bienestar y salud mental, los programas presidenciales sigan ignorando la incorporación de la afectividad y las relaciones con otros en la educación. La evidencia científica ha avanzado en que el aprendizaje no se reduce solamente a elementos cognitivos. Por ello, la ausencia de referencias a la empatía, las emociones o las interacciones conductuales en los planes de gobierno revela una preocupante desconexión con la realidad de las aulas. Educar no es sólo transmitir contenidos, sino formar personas capaces de convivir y cuidar de otros. Ignorar esa evidencia, tras años de crisis emocionales en las escuelas y liceos, es una deuda ética y política con nuestro país.





