Pasa ligera, la maldita primavera

Por Antonio Álvarez Bürger

 Sí, es efectivo que en la primavera se produce un aumento dramático de los suicidios, al extremo de que un millar de seres humanos se autoelimina día a día a nivel planetario. ¿Una paradoja, reparando en que se trata quizás de la estación del año más aguardada, porque se la asocia con el romance, los ambientes aromáticos, la alegría plena, la vitalidad y, en definitiva, con la llegada de un renovado ambiente en que todo parece florecer y llenarse de vida?.

Cuesta imaginar tal aparente absurdo. Sin embargo, en la búsqueda de las causas de toda presunta sinrazón, la psiquiatría generalmente opone la racionalidad de sus acabados argumentos empíricos. Y a
partir de ahí ya no huelgan las conjeturas.

Todos los estudios conocidos sobre el particular indican que existe –durante la temporada en cuestión- una incidencia de los cambios de la luminosidad del entorno en aquellos individuos que padecen de la enfermedad de la depresión, sea ésta encubierta o manifiesta.
 El médico psiquiatra, Luís Risco, ha explicado que quienes sufren de depresión acostumbran presentar alteraciones en el sistema circadiano (éste es el que crea los mecanismos de periodicidad en el
organismo humano, y el que dispone una serie de procesos como la regulación de la temperatura, el apetito, el ciclo del sueño y la vigilia, los niveles de rendimiento, etc.) Ahora, ¿por qué en primavera se
exacerban estos mecanismos?.

El especialista ha referido que el sistema circadiano es el responsable de registrar las modificaciones que se dan en el ambiente en que vivimos. En primavera tendría que captar el cambio que se produce en el foto-período, es decir, la variación de la luminosidad del entorno en que nos desenvolvemos. Pero, para
quienes presentan ya debilidades al momento de ajustar su sistema de periodicidad, un cambio en el ambiente les generaría una descompensación orgánica cuyas consecuencias derivarían en el deseo de quitarse la vida.

 En Chile se han reconocido unas mil a mil doscientas muertes por suicidio cada año, de las que casi el 75% afecta a hombres. No obstante, las mujeres lideran los índices de intento de suicidio, llegando a triplicar a los varones en cuanto a intención de autoeliminarse. Lo que pasa es que los hombres concretan su decisión con mucha mayor frecuencia.

Dulce embustera, la maldita primavera, se nos viene siempre con esa faz alegre. Ojalá que no con el estigma aquel de tan fatal tradición: la de gatillar sentencias de muerte deseada, en quienes están marcados por la soledad y la amargura y que, sin embargo, lo único que anhelan es indulgencia, aceptación y amparo.

La psiquiatría aduce que los consejos reiterativos o majaderos, los juzgamientos y reproches hacia el que piensa en el suicidio (que sólo quiere que lo escuchen), intensifican en éste la idea de la autoeliminación. Sólo hay que expresar: -“Te entiendo, te escucho, cuenta conmigo…, yo trataré de ayudarte”.