El Programa de Mejoramiento Genético de Trigos del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) celebró recientemente su 60° aniversario, un hito que coincidió con la presentación ante un grupo de productores de una nueva variedad de trigo. En estas seis décadas de trabajo, INIA ha desarrollado 148 productos distintos: 131 variedades de trigos harineros y 17 de trigos candeales, las cuales han sido adoptadas por la industria panadera y de pastas chilenas, marcando un importante aporte al desarrollo del
Cristian Alfaro, Subdirector Nacional de Investigación del INIA, destacó que las semillas de trigo, resultado de su programa de mejoramiento genético, son la principal tecnología generada por la institución. En una jornada de transferencia tecnológica celebrada en Chillán, con motivo de este aniversario, explicó que el objetivo de INIA ha sido siempre crear variedades adaptadas a las condiciones y necesidades del medio agrícola chileno. En este sentido, las variedades de trigo desarrolladas en los últimos años se han enfocado en tolerar altas temperaturas y escasez de agua, lo que ha permitido que los agricultores accedan a semillas que aseguren un rendimiento óptimo en diversas condiciones climáticas. Las semillas no solo están orientadas a cumplir con altos estándares de rendimiento, sino que también vienen acompañadas de paquetes agronómicos que incluyen recomendaciones sobre fertilización, manejo de enfe.
El investigador Iván Matus, del Programa de Mejoramiento Genético de Trigo de Primavera de INIA, explicó que las nuevas variedades están orientadas a satisfacer dos objetivos fundamentales: cumplir con los requisitos de calidad de la industria molinera y panadera, y proporcionar rendimientos adecuados para los productores. Además, subrayó que en los últimos años, el desafío de adaptarse al cambio climático ha cobrado una gran relevancia. Como parte de esta adaptación, INIA ha desarrollado una variedad de trigo resiliente a las variaciones climáticas, con una mayor tolerancia al estrés hídrico y una mayor eficiencia en el uso del agua. Matus también destacó que en INIA no se utilizan tecnologías transgénicas ni moleculares, sino que el mejoramiento se realiza mediante la combinación de dos variedades de trigo que, a lo largo de varios años de evaluación en condiciones extremas de sequía y calor, van generando las características. deseados en cuanto a rendimiento, calidad y resistencia a enfermedades. Una de las nuevas variedades presentadas en la jornada de Chillán fue el trigo primaveral Anken.
Obtener una nueva variedad de trigo, explicó Matus, es un trabajo que toma, en promedio, 20 años, ya que incluye tanto la selección de características específicas como pruebas de campo en diversas temporadas. Por todo este proceso pasó la nueva variedad de trigo primaveral de nombre “Anken”, que fue presentación a los productores en el día de campo realizado en Chillán. 20 años para una variedad. El mejorador de trigos de INIA detalló que para obtener una variedad debe cumplirse con muchos requisitos que van desde la selección de las características que se buscan hasta las pruebas en campo de varias temporadas. En el caso de la nueva variedad Anken, Iván Matus indicó que hace 20 años ya había señales de bajas de precipitaciones y aumento de las temperaturas, lo que los decidió a iniciar las primeras evaluaciones. El investigador de INIA Quilamapu, explicó que de no generarse constantemente nuevas variedades, los agricultores tendrían que estar sembrando variedades antiguas. “El tema es que esas variedades ya tienen una productividad muy baja (…) un 50 o un 60 % menos que las actuales”, y menor calidad, lo que evidenciaría una merma en los ingresos de los productores y en una menor calidad de las harinas y del pan.
El equipo de INIA trabaja en el desarrollo de trigos que requieren menos agua, menos pesticidas y menos nitrógeno, lo que refleja un compromiso con la sostenibilidad de la producción agrícola en Chile, buscando una agricultura.
Desde el punto de vista de la industria de las pastas, Pedro Pablo Lagos, subgerente agrícola de Tresmontes-Lucchetti, resaltó que los eventos climáticos extremos representan uno de los mayores desafíos para la producción de trigo. Este panorama ha llevado a la empresa a colaborar estrechamente con INIA ya incentivar a los agricultores a adoptar prácticas agrícolas sostenibles que fortalezcan la resiliencia del campo. Lagos destacó la importancia del acuerdo público-privado de 36 años con INIA, que ha sido clave para contar con material genético adaptado a las diversas realidades agrícolas del país. Las últimas variedades de trigo candeales han mostrado mejores rendimientos y mayor resistencia a enfermedades, lo que beneficia tanto a los productores como a la industria, permitiéndoles cultivar trigo de alta calidad, ideal para la fabricación de pastas. Según Lagos, la calidad de las pastas producidas en Chile es comparable con la de países como Italia, gracias al contenido proteico y al excelente rendimiento de las variedades de trigo utilizadas.
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