Chile Desvertebrado

Chile vive tiempos de desmoralización colectiva marcada por la pérdida de expectativas de progreso entendido como mejora de la condición humana, en parte a partir de las externalidades políticas, económicas y sociales de la insurrección violenta de Octubre de 2019 y la pandemia. Factores a los que hay que agregar el debilitamiento de la gobernabilidad democrática,  la carencia de una mirada estratégica de conjunto y las crecientes incapacidades de las instituciones democráticas para ofrecer respuestas a los problemas que aquejan a Chile. 

Pilares fundamentales determinantes de las posibilidades de volver a soñar con alcanzar el desarrollo parecen diluirse en medio de una crisis de los partidos políticos galopante, absortos en un sistema de auto referencia,  auto complacencia y  auto indulgencia, de partidos que orbitan en torno a sí mismos e intereses particularistas, parecen incapaces de impulsar agendas para el fortalecimiento de la democracia republicana, para reforzar las instituciones, superar las fragilidades del Estado, para ofrecer mayor confianza y estabilidad para atraer inversión impulsar el crecimiento y generar oportunidades. Se nos va quedando atrás la descentralización, la imprescindible modernización del Estado. Y en las urgencias como seguridad no parece posible articular acciones coherentes con sentido de propósito compartido y con la necesaria visión de Estado. 

Parece un panorama por decir lo menos sombrío. La reciente encuesta bicentenario de la Universidad Católica da cuenta de un grave y progresivo aumento de la confianza interpersonal e institucional anotando por ejemplo el gobierno su nivel más bajo de solo un 6% de confianza y de una muy significativa caída en las expectativas de los Chilenos por ejemplo en torno a la posibilidad que Chile pueda alcanzar el desarrollo. Por ejemplo en 2018, 71% de los encuestados creía que Chile podía alcanzar en 10 años el desarrollo esa proporción disminuye a fines de 2023 según publicación de abril de 2024 a solo un 43% mientras solo un 13% cree que puede acceder al sueño de la casa propia. Por citar sólo una encuesta a modo de referencia.

Ortega y Gasset en su poco más que centenaria publicación España Invertebrada, daba cuenta en un texto cargado de metáfora a temporal de “atribuir la desvertebración, no sólo de España sino de Europa, a la falta de unidad en un proyecto común y a la desmoralización colectiva. En el Prólogo del libro se refiere a “la ausencia de una ilusión hacia el mañana”. Podríamos entonces afirmar sin temor a equívocos que según la lógica Orteguiana estaríamos frente a un Chile desvertebrado. De ahí que la tarea articuladora de la política pero especialmente del centro emergente que podría cifrar algunas expectativas sea contribuir a vertebrar la patria a unir sus partes y tensar su musculatura, para lograr movilizarla con sentido de cuerpo y ofrecer respuestas a los retos del presente y futuro, pero sobre todo en torno a recuperar las esperanzas de progreso, para -en el decir de Ortega- avanzar hacia «un proyecto sugestivo de vida en común».

* Por Augusto Parra Ahumada