Estábamos en el Café, y entre varias “amistaítas” se había instalado el Canapé, un chicoco -¡bajito p’oh!- que se jura sabrosón, y por eso se entretiene soplándole el braserito a las viejas. Según cuentan (¡p’tas la gente habladora) fue abusado sexualmente durante largo tiempo, por una farmacéutica que se prendó de él después que el perla entrara a su negocio y, para hacerse notar, le pidiera a viva voz una caja de preservativos. Dicen que la doña lo reprendió por su falta de discreción. Entonces, él la miró coquetonamente a los ojos y -mirándose la entrepierna- le dijo; «perdón… ¿me vendes ropita para esta preciosura?» Tiene un doctorado en alguna ciencia compleja, y cuenta con nuestra deferencia porque comparte sus conocimientos sin fanfarronería. Largó una afirmación rotunda que cortó en seco el tema que estaba en curso.
«No existe el cambio climático. Lo que existe es una visión reduccionista del clima, porque esto permite hacer negocios tan torpes como desalar el agua de mar y dársela a la población o usarla en regadío. Los climatólogos deberían hacer pronósticos en ciclos más amplios.» Sorbió de su cortado y avanzó en sus fundamentos: «El Mínimo de Maunder corresponde a un período de observación -desde 1.645 hasta 1.715- en que la actividad solar se desplazó hacia sus polos, por lo que tuvo escaso impacto en la Tierra, y ocasionó una micro glaciación en el hemisferio Norte. En 2020 ya se anunció una constante de avance de las manchas solares en dirección al ecuador solar, que deberían empezar a retroceder hacia el 2032. Ahora bien, si sabemos que la actividad solar se desplaza entre sus polos al ecuador del sol y vice versa, a mayor cercanía con el planeta, más amplio será su contacto y como la Tierra es dos tercios de agua, el primer efecto es la evaporación. Luego los vientos -en especial los Alisios- llevan esa humedad a las alturas, viajan hasta el continente y, por condensación, se desploman en lluvias torrenciales. El inconveniente radica en que entramos a la fase más cercana al sol denominada Perihelio y corresponde a nuestro verano. Así que, a esperar lluvias violentas e inusuales, y calores excepcionales, hasta que nos dirijamos de nuevo hacia la zona de Afelio.»
El “pescaíto” Martens, quien había pedido un café a pesar de saber que -una vez más- había olvidado la billetera en casa, fue en su apoyo:
«El clima integra una gran cantidad de variables, y es un modelo clásico de la Teoría de Sistemas, por ejemplo; si la actividad solar se registra en sus polos o cerca de su ecuador; el volumen de la eyección de masa coronal solar; el tiempo de llegada a la Tierra; el lugar en que puede impactar… lo que dependerá de la inclinación de los polos y de la rotación terráquea; la ubicación del planeta en Afelio o Perihelio… en fin… una eyección es un plasma, o sea, una crema de protones y neutrones con carga magnética, lo que podría relacionarse con una mayor actividad sísmica por compresión de las placas, o volcánica, porque el centro de la Tierras es un compuesto de níquel y fierro que también tiene una carga magnética, así es que habrá que prepararse para previsibles movimientos sísmicos.»
El Canapé terminó su intervención: «Lo que queda claro es que “el tiempo”, como le dicen al clima en la tele, no es más que una interpretación de fotografías satelitales, por meteorólogos que carecen de capacidad científica. Ahora bien… y como predicción… puede esperarse con certeza que cuando los agricultores vayan a empezar a cosechar los choclos, la lluvia y el granizo les va a arruinar la recolección. En conclusión, comer humitas va a ser más caro que comprar parafina.» Sorbió el resto de su café, agarró el tarro que su tajante/perentoria le había endosado, y partió a comprar combustible, sin dejar de refunfuñar en contra del señor ministro, y de la actividad solar.
* Jorge Retamal Villegas, escritor





