* Más de 158 millones de brasileños están convocados a las urnas este 4 de octubre, en una elección presidencial marcada por la estrecha disputa entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Marcelo Pérez, analista internacional de la Universidad Andrés Bello, explica qué puede definir la recta final, por qué el Congreso será determinante para el próximo Gobierno y qué podría cambiar para Chile.
Brasil entra en la recta final de sus elecciones generales con una disputa presidencial estrecha y un reducido grupo de electores que todavía no define su voto. El próximo domingo 4 de octubre, los brasileños elegirán presidente, gobernadores, diputados y parte del Senado, en unos comicios que podrían extender la definición presidencial hasta una segunda vuelta el 25 de octubre. En la carrera por el Palacio de Planalto, el actual Presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) busca un nuevo mandato y tiene como principal adversario al senador Flávio Bolsonaro (PL). Las encuestas de los últimos días muestran una competencia estrecha entre ambos.
Para Marcelo Pérez, analista internacional, uno de los elementos que habrá que observar será precisamente el comportamiento del reducido porcentaje de electores que todavía no ha decidido su voto. “Lo primero que debemos indicar es que el número de indecisos es bastante bajo. Una encuesta Quaest citada por Reuters lo situaba en torno al 5% esta semana. Pero, aunque es un porcentaje pequeño, la elección pareciera estar tan reñida que cada punto porcentual será relevante”, explica.
Seguridad y religión entran en la recta final
Entre los asuntos capaces de movilizar a parte del electorado durante los últimos días, Pérez identifica en primer lugar la seguridad y la criminalidad, un tema que ha adquirido protagonismo en las propuestas de los principales candidatos. “El primer punto es la seguridad y criminalidad. Lula ha tenido que endurecer sus propuestas en este sentido, frente a un candidato como Bolsonaro, que se muestra mucho más cercano a la dureza de personajes como Bukele y que, en este tema, rescata gran cantidad de adherentes”, señala el académico.
La religión también irrumpió en la última etapa de la campaña, luego de que comenzara a circular en redes sociales la afirmación de que Flávio Bolsonaro buscaría quitar a Nossa Senhora Aparecida su condición de patrona de Brasil. La información fue desmentida, pero la circulación del rumor abrió una controversia política en torno a la identidad religiosa en un país donde católicos y evangélicos constituyen dos electorados relevantes. Para Pérez, independientemente del origen de la controversia, el episodio permite observar la importancia que puede adquirir la identidad religiosa en una elección estrecha. “Pareciera ser un detalle pequeño, pero el choque entre las comunidades evangélicas, relacionadas a la extrema derecha, y la mayoría católica, con gran influencia en los barrios marginales y rurales de Brasil, puede ser muy importante”, sostiene.
Una elección que también se juega en el Congreso
La atención internacional está concentrada principalmente en quién ocupará la Presidencia, pero este 4 de octubre Brasil renueva también los 513 escaños de la Cámara de Diputados y 54 de los 81 puestos del Senado. Para Pérez, esa elección será fundamental para determinar el margen de acción que tendrá el próximo Gobierno.
“Esta elección no decide solamente quién ocupará el Palacio de Planalto, sino que también se eligen los 513 diputados federales y 54 de los 81 senadores”, explica. El Congreso brasileño presenta una alta fragmentación y las proyecciones apuntan a que ninguna de las principales fuerzas políticas tendría por sí sola una mayoría suficiente para controlar la Cámara, lo que obligará al próximo Gobierno a negociar apoyos para impulsar su agenda. “El Congreso brasileño está muy fragmentado. Esto significa que, gane quien gane la Presidencia, tendrá que construir coaliciones parlamentarias”, advierte Pérez.
¿Qué puede cambiar para Chile?
El resultado de la elección brasileña también será seguido con atención desde el resto de Sudamérica. Pérez plantea que una eventual llegada de Flávio Bolsonaro a la Presidencia supondría un cambio de orientación política respecto del actual Gobierno de Lula, particularmente en sus vínculos con Estados Unidos y con administraciones conservadoras de la región. Sin embargo, el académico considera que para Chile existe un elemento que trasciende las diferencias ideológicas entre los gobiernos: la relevancia económica de la relación bilateral.
“Esto demuestra que estas relaciones son de Estado, y que los mercados muchas veces mandan más que las ideologías. Más allá de quién sea el próximo Presidente, Chile debe mantener una relación estable con Brasil”, sostiene Pérez. En ese sentido, la elección de este domingo 4 de octubre no sólo definirá quién conducirá la mayor economía de América Latina durante los próximos años. La composición del Congreso, la capacidad del próximo Presidente para construir acuerdos y la orientación de la política exterior brasileña, serán también factores relevantes para sus principales socios regionales. (Valeska Muñoz V., periodista).





