Anorexia nerviosa: el trastorno psiquiátrico con la mayor tasa de mortalidad

*  Especialistas del Centro de Cuidados y Atención Diurna para Desórdenes Alimentarios (CADDA), señalan que las personas con anorexia nerviosa tienen un riesgo de muerte superior al de la población general y advierten un aumento sostenido en las consultas.

Según un estudio realizado por The University of Melbourne de Australia, entre el 1% y el 3% de la población padece anorexia nerviosa, posicionándose como el trastorno psiquiátrico con la mayor tasa de mortalidad, incluso cinco veces superior al de la población en general. Desde el Centro de Cuidados y Atención Diurna para Desórdenes Alimentarios (CADDA) advierten preocupación, principalmente por la anorexia nerviosa, ya que tiene consecuencias físicas y psicológicas graves para las personas que la padecen. 

«La evidencia es clara: el tiempo importa. Detectar la anorexia nerviosa en sus primeras etapas y acceder a un tratamiento especializado mejora significativamente el pronóstico y reduce el riesgo de complicaciones graves”, señala Macarena Zuleta, psicóloga clínica y cofundadora del Centro CADDA. El aumento de la mortalidad asociada a dicho trastorno, responde principalmente a dos factores: las complicaciones médicas derivadas de la desnutrición severa y el suicidio.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), asegura que la situación en el mundo es especialmente crítica en adolescentes, etapa en la que suele aparecer la enfermedad, mayormente en mujeres entre 10 y 19 años aproximadamente. “La complejidad de la anorexia radica en que deteriora simultáneamente el organismo y la salud mental. Por eso, el tratamiento no puede centrarse únicamente en la alimentación o en el aspecto psicológico: requiere un equipo interdisciplinario capaz de abordar todas las dimensiones de la enfermedad y el sufrimiento del paciente», explica Pamela Campi, nutricionista y también cofundadora de Centro CADDA. 

En un escenario donde las consultas continúan en aumento, desde el referido centro destacan la importancia de la detección oportuna, reducir el estigma asociado a los trastornos de la conducta alimentaria y facilitar el acceso a tratamientos basados en evidencia, sobre todo considerando que las dificultades diagnósticas radican en que quienes presentan estos cuadros tardan en buscar ayuda, ocultan la sintomatología a su entorno y enfrentan una validación cultural contemporánea hacia la pérdida de peso que retrasa los pronósticos. Por eso, es clave estar atentos a cambios en el comportamiento alimentario, la realización de dietas estrictas, la insatisfacción corporal intensa y el aislamiento social (dejar de compartir comidas o mostrar ansiedad intensa frente a ellas), entre otras señales de alerta. (Gabriel Aránguiz, Comunicaciones).