El histórico «Pacto de Versalles»: EE.UU. e Irán sellan un acuerdo que apaga la guerra y reabre la economía global

Bajo el dorado del palacio francés, Donald Trump y Masud Pezeshkian rubricaron el memorando que frena más de tres meses de hostilidades. El estrecho de Ormuz vuelve a abrirse de inmediato a cambio del fin de las sanciones y el desmantelamiento supervisado del uranio en Teherán.

La paz en Medio Oriente se comenzó a escribir este miércoles bajo el lujo histórico del Palacio de Versalles. En una escena que evoca los grandes giros de la diplomacia mundial, el presidente estadounidense Donald Trump aprovechó una cena de Estado con su homólogo francés, Emmanuel Macron, para estampar su firma en el acuerdo que busca poner fin a un conflicto que, desde el pasado 28 de febrero, tenía en vilo al planeta.

«Lo acabo de firmar», lanzó un sonriente Trump a los periodistas al abandonar el palacio, un gesto refrendado minutos después por la Casa Blanca mediante un video donde el mandatario celebraba con el pulgar arriba junto a Macron. Casi en paralelo, desde Teherán, el portavoz de Exteriores, Esmaïl Baghaï, confirmaba que el presidente iraní, Masud Pezeshkian, también había suscrito el documento, cerrando un círculo diplomático impulsado en las sombras por el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, quien actuó como mediador clave.

El impacto del pacto es inmediato. El propio Sharif anunció que el estrecho de Ormuz —la arteria marítima por donde transita la quinta parte del petróleo mundial y que permanecía bloqueada por la guerra— será reabierto «al instante», al tiempo que la Casa Blanca levantará el bloqueo sobre los puertos iraníes. Esta asfixia de más de tres meses había arrastrado a la economía global a una crisis energética que ahora comienza a descomprimirse. Para formalizar el hito y dar inicio a las mesas técnicas, las delegaciones se reunirán este viernes en una ceremonia oficial en Suiza.

Petróleo por uranio: El núcleo del entendimiento

El texto del acuerdo traza una hoja de ruta de «ganancia mutua» a corto plazo, pero con complejas negociaciones por delante. Durante los próximos dos meses, Washington suspenderá todas las sanciones a la venta de crudo iraní mientras expertos de ambos países diseñan un mecanismo definitivo para el desarme nuclear de Teherán. El compromiso inicial de la república islámica es diluir in situ sus reservas de uranio enriquecido, bajo la estricta mirada del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Sin embargo, el camino no estará libre de fricciones.




Aunque el tráfico marítimo global regresará a la normalidad, el jefe negociador de Irán, Mohamad Baqer Qalibaf, ya advirtió en la televisión estatal que Ormuz «no volverá a la situación anterior a la guerra». Haciendo valer su soberanía, Teherán adelantó que cobrará un peaje por transitar por el estrecho, calificando el pacto como «un fracaso de Estados Unidos».



Como contraparte, si el acuerdo llega a puerto definitivo, Estados Unidos se ha comprometido a coordinar con sus aliados regionales —pero sin desembolsar fondos propios— un gigantesco plan de 300.000 millones de dólares destinado a la reconstrucción y el desarrollo económico de Irán, un país devastado por la campaña de bombardeos iniciada por la aviación estadounidense e israelí en febrero.

El factor Líbano y la «gran victoria» de Hezbolá

Uno de los puntos más delicados del documento fue la inclusión explícita del frente de Líbano, arrastrado a la guerra el 2 de marzo tras los ataques de Hezbolá en apoyo a Teherán. Desde Beirut, el secretario general del movimiento chiita, Naim Qasem, rompió el silencio para calificar el acuerdo como una «gran victoria» y agradecer a Irán por no dejarlos fuera de la mesa de negociación.

En un movimiento estrictamente político, Qasem instó al gobierno libanés a romper sus propias conversaciones directas con Israel, auspiciadas por Washington desde abril. No obstante, el presidente del Líbano, Joseph Aoun, tomó distancia de las milicias proiraníes y aclaró que el proceso de paz de su administración es «independiente» de lo firmado en Versalles.

La firma del memorando detiene un conflicto regional que ya acumulaba miles de muertos. Con las armas en tregua y los mercados respirando aliviados por la liberación del petróleo, el foco se traslada ahora a Ginebra, donde la diplomacia deberá demostrar que lo firmado en los papeles de Versalles se puede sostener en la realidad de la geopolítica actual.


24

sdtoto sdtoto slotgacor sdtoto slotgacor slotgacor