Este jueves, Asmar Talcahuano vivirá una jornada histórica con la botadura de su nuevo buque multipropósito. Con el Presidente Kast a la cabeza, un comité ministerial clave y el misterio de su madrina, la nave de ADN español se prepara para su primera cita con el mar.
Mañana jueves, cuando el reloj roce el mediodía, las sirenas de los Astilleros y Maestranzas de la Armada (Asmar) en Talcahuano romperán la rutina de la Región del Biobío. No será un día cualquiera. Tras meses de ruidos de soldaduras, planos y modelado de acero, el buque multipropósito LPD-93 «Magallanes» se deslizará cerca del mediodía por la grada para encontrarse, por primera vez, con el océano.
El hito es de tal magnitud para la geopolítica y el desarrollo nacional que el Presidente de la República, José Antonio Kast, se trasladará a la zona con un comité político de primer nivel. Lo acompañará una comitiva de cuatro ministros que evidencia las múltiples dimensiones del proyecto: Claudio Alvarado (Interior), Fernando Barros (Defensa), Iván Poduje (Vivienda y Urbanismo) y Ximena Lincolao (Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación). En los pasillos navales, sin embargo, se comenta con expectación el secreto mejor guardado de la ceremonia: la identidad de la madrina que, por tradición, tendrá la misión de bautizar la nave estrellando la clásica botella en su casco.
Una fortaleza flotante para emergencias y soberanía
El «Magallanes» es la primera unidad del ambicioso proyecto Escotillón IV Fase 1 y sus dimensiones imponen respeto: 110 metros de eslora (largo), 21,8 metros de manga (ancho) y una estructura capaz de alcanzar velocidades de 31 km/h. Diseñado para ser operado por una dotación de 95 tripulantes, el coloso puede transportar a 250 personas y está pensado para misiones donde la geografía chilena se vuelve hostil.
Su rol será crucial en el transporte estratégico y las operaciones anfibias, pero sobre todo, en el soporte logístico ante catástrofes naturales, un área donde Chile se juega la vida constantemente. Para ello, el buque está equipado con un hospital de campaña integrado, dos imponentes grúas de alta capacidad y una cubierta de vuelo para operaciones aéreas. Además, su ingeniería incluye refuerzos especiales en el casco para permitir campañas en el territorio antártico durante el periodo estival, asegurando la presencia del Estado en los rincones más aislados del continente.
Alta tecnología con sello ibérico
Aunque el ensamblaje y la mano de obra llevan el sello de Talcahuano, las entrañas operativas del «Magallanes» son el resultado de un engranaje tecnológico de vanguardia importado desde los principales polos de la industria de Defensa de España.
La firma gaditana Abance lideró la ingeniería de detalle de un buque que destaca por su precisión técnica. Cada sistema crítico responde a firmas especializadas: las válvulas de alto rendimiento y el sellado automatizado fueron provistos por la cántabra Fernández Jove; la habitabilidad y el aislamiento de los camarotes —bajo normativas de seguridad MED e IMO— quedaron en manos de la gallega Gabadi; mientras que el complejo diseño de climatización (HVAC) para áreas técnicas y cámaras frigoríficas fue desarrollado por Frizonia. Finalmente, la maniobrabilidad de la carga pesada y los portones de acceso a bordo fueron coordinados por Industrias Ferri y SP Consultores, bajo la rigurosa certificación internacional de Det Norske Veritas.
La maniobra de mañana marca un punto de no retorno: el paso de la fase estructural a la etapa viva de equipamiento y pruebas de navegación. El «Magallanes» se prepara para tocar el agua, y con él, el astillero chileno consolida su posición en la élite de la construcción naval del continente.
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