El turismo en Cuba, históricamente el motor vital de su economía, sufre su golpe más severo tras la pandemia. En cuestión de días, dos de los gigantes hoteleros extranjeros más importantes que operaban en la isla decidieron replegarse drásticamente o abandonar el mercado de forma definitiva, instalando una profunda incertidumbre sobre el futuro financiero del país caribeño.
El repliegue de Iberostar: Adiós a una joya de 200 millones de dólares
La cadena española Iberostar, que hasta hace poco se alzaba como el segundo mayor operador extranjero en la isla, confirmó que desde el 1 de junio dejó de administrar y comercializar 12 de sus hoteles, conservando únicamente seis establecimientos en La Habana, Varadero, Trinidad y Cayo Guillermo.
Según detalló la firma a la agencia EFE, este drástico recorte responde a la necesidad de «adaptarse al entorno regulatorio global» y proteger sus estándares de calidad.
La salida de Iberostar duele especialmente en las arcas del Estado cubano, ya que dentro de los recintos que abandonan se encuentra el Iberostar Selection La Habana. Inaugurado en marzo del año pasado, este coloso de 42 pisos es el hotel más alto del país y representó una inversión estatal cercana a los US$200 millones.
La salida total de Blue Diamond
Casi en paralelo se conoció el desplome del tercer actor más relevante del turismo cubano: la canadiense Blue Diamond Resorts. Aunque la firma ha optado por el silencio editorial, los propios medios estatales cubanos confirmaron que la hotelera abandonará por completo el mercado local.
Blue Diamond llegó a controlar cerca de 15 complejos turísticos bajo marcas reconocidas como Royalton, Memories, Starfish, Mystique y Resonance. La compañía ya venía golpeada desde inicios de año por la severa escasez de combustible en la isla y la cancelación de rutas aéreas desde Canadá, históricamente el principal emisor de viajeros hacia Cuba.
La sombra de Washington: El factor «Gaesa»
Detrás de este éxodo masivo hay una fecha límite y una enorme presión geopolítica. Este jueves 5 de junio vence el plazo otorgado por el gobierno de Estados Unidos para que las corporaciones internacionales rompan amarras con cualquier entidad cubana ligada a Gaesa, el poderoso conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas de la isla.
Bajo la Orden Ejecutiva 14404, Washington sancionará severamente a las firmas que mantengan vínculos financieros o comerciales con este entramado militar. El temor a las represalias de la Casa Blanca no solo espantó a las hoteleras; hace poco, la minera canadiense Sherritt —la inversión extranjera más importante de la isla— también anunció una profunda revisión y retirada de sus operaciones.
Un motor económico en zona de desastre
La huida de los inversionistas ocurre en el peor escenario posible para La Habana. El turismo cubano navega en una crisis perfecta que combina:
- Una demanda internacional que jamás volvió a los niveles previos a la pandemia.
- Cortes eléctricos crónicos y crisis de desabastecimiento.
- Complejos problemas logísticos para mantener los estándares hoteleros.
Incluso la española Meliá, el operador extranjero más grande que aún resiste en Cuba, admitió recientemente que el negocio sigue condicionado por la escasez de visitantes, lo que los ha obligado a aplicar medidas de «compactación» y cierres temporales de recintos. Aunque Meliá no ha anunciado su retirada, la resistencia turística de Cuba hoy se queda prácticamente sola.
24





