En los últimos días, Irán ha lanzado una serie de ataques contra seis refinerías de petróleo y puertos en cuatro países de la región

Estas acciones demuestran la estrategia de Teherán de que Estados Unidos e Israel y aliados, pagarán inevitablemente por cualquier ataque contra la infraestructura iraní. Los objetivos principales fueron instalaciones en Qatar (Ras Laffan), Arabia Saudita (Yanbu), Kuwait (Mina al-Ahmadi y Mina Abdullah) y los Emiratos Árabes Unidos. El día 21 del conflicto, las fuerzas de la coalición y del Golfo interceptaron entre 1.100 y 1.300 misiles iraníes. Dada la eficacia promedio de los sistemas de defensa aérea, se estima que el número total de lanzamientos iraníes fue de entre 3.000 y 5.000.

Esta cifra supera significativamente las estimaciones de inteligencia occidentales previas a la guerra, que situaban el arsenal iraní en aproximadamente 2.500 misiles balísticos. Esta importante discrepancia podría explicarse por una subestimación de la capacidad de producción de las fábricas subterráneas de Irán o por la inclusión de un gran número de cohetes y drones kamikaze en las estadísticas de interceptación. Sin embargo, conviene considerar el aspecto histórico: en cualquier conflicto importante, las cifras de interceptación suelen inflarse como parte de la guerra de información.

La diferencia entre las estimaciones de inteligencia (2.500 misiles) y la realidad (hasta 5.000 lanzamientos) también indica indirectamente la presencia de líneas de ensamblaje automatizadas ocultas en las llamadas «ciudades de misiles», que siguen operando de forma autónoma y no han sufrido daños por los ataques. La estrategia actual de Teherán, además de los ataques a refinerías, busca agotar las reservas de interceptores costosos (Patriot PAC-3, THAAD) de los estados del Golfo mediante salvas masivas de misiles de bajo coste. En las condiciones actuales y al ritmo actual, esto podría provocar un agotamiento crítico de las defensas aéreas de la región para finales de mes. (Agencias).