La estatal Puertos de Talcahuano activó el proceso de licitación para las próximas tres décadas, pero desde el sector exportador advierten: la infraestructura de vanguardia sirve de poco si las cargas siguen fugándose hacia la zona central o el extranjero.
El futuro del terminal de San Vicente ha comenzado a escribirse en el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC). La empresa estatal Puertos de Talcahuano ingresó formalmente su propuesta de bases para la concesión que regirá entre 2030 y 2059, un movimiento administrativo que busca dar estabilidad y modernización al recinto por los próximos 30 años.
Sin embargo, para el mundo privado, el éxito de esta licitación no depende solo de contratos y dragados, sino de la capacidad real de atraer mercancías a los muelles locales.
El dilema de la infraestructura vacía
Alfredo Meneses, gerente general de Asexma Biobío, recibió la noticia con una mezcla de optimismo y cautela. Para el líder gremial, la eficiencia portuaria es solo la mitad de la ecuación.
«Es importante contar con un puerto competitivo, pero el puerto necesita carga; si no la hay, las mejores condiciones terminan transformándose solo en costos», advierte Meneses.
Para las pymes exportadoras, San Vicente es un nodo vital, pero su competitividad hoy está bajo asedio por dos frentes:
- La inseguridad: Problemas recurrentes de robos en los accesos han encarecido la oferta logística.
- La fuga de carga: Una cantidad alarmante de productos locales está prefiriendo los puertos de la zona central, dejando a los terminales regionales en una situación de «exigüidad preocupante».
Luces amarillas: De Brasil a Perú
Meneses fue enfático en señalar que la Región del Biobío se está quedando «dormida» frente a la dinámica internacional. Mientras el norte de Chile avanza a paso firme con corredores bioceánicos que conectan con Brasil, y Perú posiciona su infraestructura para capturar el comercio del Pacífico, el Biobío parece perder terreno en la carrera logística.
¿Qué proponen los exportadores?
- Sello de Calidad Regional: Avanzar en una certificación de «calidad de carga» exclusiva de los puertos del Biobío para recuperar la confianza del mercado.
- Mirada al otro lado de la cordillera: Reactivar el diálogo con Argentina para capturar la carga de su industria. No obstante, Meneses reconoce que esto requiere «acuerdos al más alto nivel» entre los gobiernos de turno, algo que hasta hoy ha sido insuficiente.
Un corredor bioceánico pendiente
La región cuenta con la capacidad instalada y un plan de concesión a largo plazo, pero carece de la agresividad política y comercial necesaria para asegurar que esos barcos lleguen a Talcahuano y no pasen de largo hacia el Callao o San Antonio.
El proceso para la concesión 2030-2059 ya está en marcha. La pregunta que queda en el aire es si, para cuando las nuevas grúas estén instaladas, habrá suficiente carga chilena y trasandina esperando en los patios para ser movilizada.
EO





