Lo que parecía un proceso de transición quebrado y sin retorno, tuvo esta mañana un giro dramático y necesario. Tras aterrizar desde Estados Unidos apenas dos horas antes, el Presidente electo, José Antonio Kast, cruzó el umbral del Palacio de La Moneda para reunirse con el Presidente Gabriel Boric. Fue una cita de 90 minutos que buscó, por sobre todo, recomponer los puentes rotos y garantizar que este miércoles 11 de marzo Chile viva una ceremonia de traspaso ejemplar.
Este encuentro —gestado por la insistencia del equipo de Boric— marca la reconciliación pública tras el abrupto quiebre del pasado 3 de marzo, cuando Kast se retiró del palacio a los 22 minutos de reunión por la controversia del cable submarino «Chile-China Express», acusando falta de confianza en la información oficial.
«Un acto simbólico y ejemplar»
A su salida, y rompiendo el hermetismo de los últimos días, Kast enfrentó los micrófonos en solitario con un tono marcadamente institucional y conciliador:
«Agradezco la recepción (de parte de Boric) y la información para la adoptar las decisiones cuando corresponda, habiendo jurado como Presidente de la República. También pudimos conversar sobre las actividades oficiales de los próximos días que son altamente relevantes y también concordamos que tenemos todo lo necesario para que este sea un acto republicano de cambio de mando que revele y devele la importancia que le entregamos a la institución de la República. Esperamos que ocurra con toda normalidad que se un acto simbólico por todas las características que se merece la Nación en un cambio de mando, que éste sea ejemplar. Le agradezco al presidente Gabriel Boric la entrega de todos estos antecedentes y como les digo los tendré para el debido análisis una vez que haya jurado como presidente y corresponda tomas las decisiones necesarias para la mejor conducción y el trabajo del Estado».
«, declaró el Mandatario electo.
Kast enfatizó que los antecedentes entregados por la administración saliente serán analizados con rigor una vez que haya prestado juramento, postergando cualquier decisión crítica para después de la investidura en Valparaíso.
Por su parte, Gabriel Boric, manifestó su satisfacción por haber alcanzado este nivel de entendimiento, tras la ruptura de hace cinco días. El primer mandatario en ejercicio dijo que «poder continuar con esta conversación y continuar con la sana tradición de que los cambios de mando en Chile, independiente de las diferencias políticas que puedan existir, son impecables y una tradición republicada. Algo que todos los chilenos se sienten orgullosos y que más allá de las tensiones que son proías de este proceso, ambos como líderes de nuestros respectivos sectores y como presidentes en ejercicio y presidente electo; teníamos que estar a la altura y por eso yo valoro mucho este día que hayamos podido tener esta reunión. Doy por superadas las diferencias que pudieran haber existido. Le garantizo a las chilenas y chilenos que el miércoles 11 de marzo tendremos un cambio de mando impecable y que el Estado de Chile -como corresponde- continúa funcionando de la mejor manera para poner siempre por delante los intereses de los chilenos antes de cualquier diferencia política».
El fin de la «Guerra Fría» de la transición
La tensión había alcanzado su punto máximo hace menos de una semana, cuando desde la Oficina del Presidente Electo (OPE) se dio por terminado el proceso de traspaso bilateral. Aquel portazo obligó al Gobierno a mantener una postura de «puertas abiertas», liderada por el ministro Álvaro Elizalde, para evitar que la parálisis administrativa afectara el funcionamiento del Estado.
Claves del reencuentro:
- Gestión del Tiempo: La reunión de hoy (90 min) cuadriplicó el fallido encuentro anterior (22 min).
- Contexto: Kast llegó directamente desde el aeropuerto tras su gira por EE. UU.
- Contraste: Mientras Kast aterrizaba, el Presidente Boric iniciaba su última conmemoración oficial del Día de la Mujer en La Moneda junto a su gabinete.
Lo que viene
Con este gesto de distensión, se despeja el camino para el protocolo en el Congreso Nacional. La señal es clara: a pesar de las profundas diferencias ideológicas y la crisis por la infraestructura digital (cable submarino), el rito del cambio de mando se mantiene como un pilar inamovible de la democracia chilena.
SOJ





