Lo que se proyectaba como un avance en seguridad migratoria se ha transformado, en la práctica, en una trampa de calor y espera para miles de viajeros. La implementación del sistema biométrico en el Complejo Fronterizo Santa Rosa, la principal puerta de entrada terrestre al Perú, ha tenido un inicio crítico marcado por el colapso operativo y la indignación de los usuarios.
Tecnología moderna, infraestructura precaria
Desde mediados de enero, cada pasajero que cruza desde Arica hacia Tacna debe registrar sus huellas dactilares y tomarse una fotografía. Sin embargo, la medida se activó en el punto más alto de la temporada estival y sin las condiciones mínimas para recibir al flujo masivo de turistas.
Las escenas en la frontera son dramáticas: filas que se extienden hasta los estacionamientos bajo un sol implacable, sin sombra, sin asientos para adultos mayores y sin puntos de hidratación. «Había personas que se desmayaban por el calor; la espera era eterna», relataron conductores del gremio de taxis Arica-Tacna, quienes denuncian que muchos pasajeros, tras horas de exposición, optaron por desistir y regresar a Chile.
El transporte, «varado» en la frontera
El impacto no es solo para el turista, sino para el engranaje económico que une a ambas ciudades. Los gremios de transporte internacional denuncian una falta de planificación alarmante:
- Escasez de personal: Mientras que para vehículos particulares se disponen hasta 15 casetas, para buses y taxis colectivos el contingente se reduce a dos o tres funcionarios.
- Falta de vías exclusivas: Los conductores reiteran la necesidad de una pista prioritaria para el transporte público, una demanda que —aseguran— no ha tenido respuesta oficial.
- Terminales vacíos: Al estar los vehículos atrapados en la frontera por el sistema biométrico, la oferta de transporte en los terminales de Arica y Tacna desaparece, afectando a quienes aún no inician su viaje.
«Sabían que estábamos en pleno verano y aun así no tomaron las medidas. Como todo sistema nuevo es dificultoso, pero esto nos está perjudicando directamente como transporte», sostuvo Eusebio Jaime Paredes, representante de la empresa de buses Tacna–Arica.
Una medida necesaria, pero «mal ejecutada»
A pesar de la frustración, tanto choferes como pasajeros reconocen que la digitalización de la seguridad migratoria es una herramienta necesaria para el control fronterizo. El reclamo apunta a la forma, no al fondo: insisten en que una marcha blanca gradual o el refuerzo de personal podrían haber evitado que una mejora tecnológica se convirtiera en una crisis humanitaria estacional.
Por ahora, el paso Santa Rosa sigue operando bajo máxima presión, a la espera de que las autoridades peruanas agilicen el proceso antes de que el flujo de vacaciones alcance su peak de febrero.
SOJ





