El cerco artesanal en alerta: Pescadores de Ñuble y Biobío denuncian «criminalización» de su actividad

Bajo la amenaza de nuevas restricciones técnicas y una fiscalización que tildan de desmedida, el sector advierte que la continuidad de la pesca de sardina y anchoveta pende de un hilo.

Las caletas de las regiones de Ñuble y Biobío han alzado la voz en un frente común contra las recientes directrices del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca). Lo que la autoridad presenta como un avance en el resguardo ecosistémico, las organizaciones de pescadores artesanales de cerco lo denuncian como una campaña de desinformación que pone en riesgo el sustento de miles de familias.

El mito del «arrastre de fondo»

El punto de mayor fricción radica en la afirmación de Sernapesca sobre un supuesto «efecto de arrastre» en la captura de sardina y anchoveta a baja profundidad. Los pescadores son categóricos: esta premisa es técnica y económicamente falsa.

«Nuestra técnica es selectiva por naturaleza. Sostener que intervenimos el fondo marino no solo falta a la verdad, sino que ignora la realidad operativa: si nuestras redes tocaran el fondo de forma recurrente, el costo de reparación superaría cualquier margen de ganancia. Es un sinsentido operativo», señalan desde el sector.

Exigencias fuera de la realidad económica

La preocupación se extiende a las nuevas especificaciones técnicas impuestas por la autoridad. La obligación de reducir las redes a menos de 20 brazas y aumentar el tamaño de malla a más de 38 milímetros es vista como un golpe de gracia financiero. Para el pescador artesanal, adaptar o renovar los equipos de trabajo bajo estas reglas no es una mejora técnica, sino una barrera que precariza el oficio y lo vuelve insostenible.

Fiscalización bajo sospecha

El sector artesanal, que históricamente ha operado dentro de la primera milla —zona donde se concentra el recurso—, hoy se siente asediado. El despliegue de monitoreo satelital para embarcaciones mayores a 12 metros y las mediciones físicas de redes junto a la Armada son percibidos como una presión injusta que criminaliza una actividad ancestral.

Las demandas del sector son claras:

  • Revisión inmediata de las campañas de difusión que afectan la imagen pública del pescador artesanal.
  • Suspensión de medidas que no consideren la viabilidad económica de las caletas.
  • Apertura de una mesa de diálogo real donde la autoridad reconozca la importancia estratégica de la pesca de cerco para la economía regional.

Para los pescadores de Ñuble y Biobío, la protección del ecosistema no puede ser un pretexto para legislar desde el desconocimiento, ignorando a quienes mejor conocen el mar: aquellos que viven de él.
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