Rere no es solo un punto en el mapa de la comuna de Yumbel; es un refugio donde la historia y la naturaleza convergen. Sin embargo, este equilibrio se ha visto fracturado recientemente. Lo que debería ser un santuario de esparcimiento en el Parque Recreativo Los Crisantemos, hoy amanece con una postal indignante: los restos de la irresponsabilidad acumulados en sus fogones.
El contraste de la desolación
La alerta se encendió tras el paso de una visitante anónima, quien capturó a través de su lente una realidad difícil de ignorar. En el sector conocido popularmente como el «Tranque de Rere» —a solo un kilómetro de la plaza principal—, la basura se ha convertido en un invitado no deseado. Las imágenes revelan montículos de desechos abandonados en los mismos espacios destinados al fuego y la convivencia, transformando los fogones en improvisados e insalubres vertederos.
Para los habitantes de la localidad, este panorama genera un profundo malestar. Para ellos, mantener el entorno limpio no es una cuestión estética, sino un mandato ético para:
- Preservar el ecosistema local.
- Proteger la fauna que habita el sector.
- Garantizar la supervivencia de un espacio público vital para la comunidad.
Un llamado al «Turista Consciente»
El auge turístico que ha vivido Rere en los últimos años, potenciado por su innegable valor histórico, parece ser un arma de doble filo. La masiva llegada de visitantes, especialmente en esta temporada estival, ha puesto a prueba la cultura cívica de quienes buscan relajo en el parque.
«El mensaje es directo y urgente: los fogones se diseñaron para cocinar, no para albergar basura. Cuidar el Tranque es una responsabilidad compartida.»
La urgencia del compromiso
La comunidad es enfática: la belleza de Los Crisantemos depende de que cada persona se lleve consigo sus residuos al retirarse. No basta con disfrutar del paisaje; es imperativo respetarlo. En un sector que se alza como uno de los puntos recreativos más concurridos de la zona, el abandono de desechos no solo daña la imagen del pueblo, sino que hiere su patrimonio natural.
La invitación queda abierta: redescubrir Rere con asombro, pero también con la madurez de entender que el entorno que hoy nos recibe, debe permanecer intacto para quienes vendrán mañana.
SOJ





