El «Día D» de los plásticos en Chile: Entre el hito ambiental y el laberinto operativo. 23mil toneladas eliminadas al año

Este viernes 13 de febrero marca un punto de no retorno para el comercio chileno. Con la entrada en vigencia de la tercera y última etapa de la Ley 21.368, el país busca consolidar su lucha contra la cultura de «lo desechable». Sin embargo, lo que para las organizaciones ambientales es una victoria histórica, para los gremios del comercio y la gastronomía es un salto al vacío debido a la falta de reglas claras.

Los tres pilares de la nueva etapa

La normativa, que originalmente debía regir desde 2024, aterriza finalmente con exigencias que cambian las reglas del juego en el consumo diario:

  1. Góndolas más verdes: Los supermercados están obligados a que, al menos, el 30% de las bebidas en vitrina sean en formato retornable.
  2. Consumo interno libre de plásticos: Dentro de los locales queda prohibida la entrega de productos de un solo uso, permitiéndose únicamente aquellos biodegradables que cuenten con certificación.
  3. Delivery bajo pedido: Para el despacho a domicilio, los desechables plásticos quedan limitados. Solo se podrán entregar productos no plásticos valorizables (o plásticos certificados) y siempre que el consumidor lo solicite expresamente.

La incertidumbre del gremio: «Faltan rayados de cancha»

Pese al espíritu sustentable de la ley, la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) y Achiga han encendido las alarmas. El nudo crítico es la ausencia de un reglamento que aterrice la teoría a la práctica.

«La sostenibilidad es un objetivo compartido, pero se requieren reglas claras y criterios uniformes para una operación que impacta el día a día de miles de locales», advirtió María Teresa Vial, presidenta de la CCS.

Entre las dudas que rondan al sector destacan:

  • Vacíos de definición: ¿Qué se entiende técnicamente por «vitrina»? ¿Cómo se calcularán exactamente los porcentajes de retornabilidad?
  • El dilema de la certificación: Máximo Picallo, líder de Achiga, denuncia que hoy no existen entidades operativas para certificar qué plásticos son realmente biodegradables bajo el estándar de la ley.
  • Sustitutos inviables: El gremio apunta a productos críticos, como los sachets de aderezos, que hoy no cuentan con reemplazos masivos en el mercado.

Un respiro para los océanos

Desde la vereda del activismo, el ánimo es de celebración, aunque con un matiz de urgencia. Organizaciones como Oceana y Greenpeace subrayan que esta ley evitará la generación de más de 23 mil toneladas anuales de plásticos de un solo uso.

Para Tania Rheinen (Oceana), este es un paso vital para la protección de los ecosistemas marinos. No obstante, desde Greenpeace recordaron que las sucesivas prórrogas que sufrió la ley significaron «años perdidos» en la carrera contra la contaminación.

El escenario actual

Mientras la Contraloría y el Ministerio del Medio Ambiente reciben solicitudes de pronunciamiento para despejar las dudas jurídicas, el comercio comienza hoy una marcha blanca forzada. El éxito de la Ley de Plásticos de un Solo Uso dependerá ahora de si la voluntad ambiental logra alinearse con la capacidad operativa de un sector que se siente, por ahora, a la deriva.

SOJ