El futuro de la movilidad en Chile se vislumbra interconectado, eficiente y sostenible, impulsado por el avance imparable de la Inteligencia Artificial (IA). Expertos coinciden en que el país posee una oportunidad sin precedentes para transformar su sistema de transporte en un modelo centrado en las personas. Sin embargo, esta ambiciosa visión se topa con desafíos estructurales significativos en infraestructura digital, calidad de datos y gobernanza institucional, advierten los especialistas.
De la Visión a la Realidad: Avances Incipientes y Limitaciones Persistentes

A pesar de que la digitalización y el monitoreo vial avanzan, el sector público chileno aún no ha logrado un despliegue significativo de tecnologías avanzadas en áreas cruciales como el transporte y la logística. Persisten limitaciones estructurales en infraestructura y una compleja coordinación entre la oferta y la demanda, frenando el salto hacia una movilidad inteligente.
No obstante, existen destellos de progreso. El Ministerio de Transportes ha impulsado el Sistema Integrado de Teleprotección con Inteligencia Artificial (SITIA), que conecta cámaras en buses del sistema Red con plataformas capaces de actuar ante riesgos en tiempo real. Por su parte, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) integra tecnologías digitales en vialidad y puentes, con sistemas de monitoreo y mantenimiento predictivo que prometen optimizar la gestión de infraestructura crítica.
Las Voces Expertas: Calidad de Datos, Infraestructura y Gobernanza
Para que la IA realmente transforme el transporte, es fundamental construir un ecosistema sólido, afirman los académicos. Patricio Álvarez, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Bío-Bío (UBB), subraya la necesidad de «datos de calidad, una infraestructura digital robusta y una gobernanza clara». Según Álvarez, «si bien el país ha comenzado a implementar iniciativas, el grueso del sistema sigue operando con tecnologías tradicionales, baja interoperabilidad de datos y escasa capacidad de respuesta en tiempo real”.
Cristian Aguilera, experto en inteligencia artificial de la UBB, coincide: «la IA ya ha demostrado su efectividad en otros sectores como la industria 4.0 o la gestión de tráfico urbano. Chile está tecnológicamente preparado en ciertos aspectos, pero requiere visión estratégica, acceso a datos confiables y coordinación interinstitucional para aplicar estos sistemas de forma efectiva”.
Aguilera enfatiza el potencial de la IA para «optimizar en tiempo real la eficiencia de rutas, reducir emisiones, detección de anomalías, monitorización en tiempo real y priorizar mantenimientos viales», siempre que se combinen capacidades técnicas con decisiones informadas.
Hacia una Arquitectura Nacional: La Necesidad de un Marco Ético y Robusto
Álvarez insiste en un objetivo claro: construir un sistema de transporte más «amigable con las personas, eficiente en el uso de recursos, y capaz de enfrentar a los desafíos del cambio climático y la urbanización». Para lograrlo, sugiere retomar el desarrollo de una Arquitectura Nacional de Sistemas Inteligentes de Transporte, que permita una «coordinación coherente y segura entre instituciones públicas, operadores, plataformas digitales y usuarios».
«Esa arquitectura debe establecer reglas claras sobre la seguridad de datos, los flujos de información y las responsabilidades, con foco en una gobernanza ética y participativa. Chile necesita un marco institucional sólido, que garantice que la IA no solo funcione bien desde el punto de vista técnico, sino también cuente con legitimidad social”.
Desafíos Culturales y la Imperativa Protección de la Privacidad
Desde la gestión, Marcelo Márquez, jefe del Proyecto Plan de Puentes de la Dirección de Vialidad del MOP, añade una capa de complejidad: la transformación cultural en el uso y gestión de datos. “Tenemos poca cultura de datos en áreas operativas. Incorporar IA no es solo un tema tecnológico, también implica capacitar a los equipos, actualizar regulaciones, y fortalecer marcos de ciberseguridad y la colaboración técnica con proveedores de tecnología”.
La protección de la privacidad emerge como uno de los temas más delicados. David Acuña, investigador de la Escuela de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Chile, advierte que «la implementación de la IA debe asegurar que los datos usados no infrinjan derechos individuales, ni se manejen sin control». Basándose en su experiencia con drones para el monitoreo de aeropuertos, Acuña subraya cómo la IA puede optimizar costos y promover la equidad, siempre que se respete la confianza del público. «Las tecnologías deben ser utilizadas con responsabilidad social”.
Finalmente, Alelí Osorio Lird, doctora en Ingeniería Civil de la Universidad Técnica Federico Santa María, sentencia que «la tecnología está a nuestra disposición, pero los verdaderos desafíos están en el ámbito organizacional. Sin continuidad institucional, capacidad de gestión y cultura de innovación, es complicado escalar las soluciones». Osorio concluye que «la IA puede ser una gran aliada para planificar inversiones de largo plazo y evaluar impactos desde la equidad y sostenibilidad, pero se necesita un sistema institucional auditable, comprensible y ético”.
Desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, la Política Nacional de Inteligencia Artificial ya impulsa el desarrollo de capacidades, la promoción de la IA en sectores estratégicos como el transporte, y la construcción de una gobernanza ética. Patricio Álvarez sugiere que este instrumento debe complementarse con la reactivación de la Arquitectura de Sistemas Inteligentes de Transporte, facilitando la coordinación entre actores y tecnologías bajo un estándar común.
En definitiva, la IA en el sistema de transporte chileno no solo promete optimizar rutas o reducir congestiones, sino que también puede contribuir a una movilidad más equitativa, resiliente y sustentable. Para alcanzar estos ambiciosos objetivos, Chile debe cerrar sus brechas institucionales y culturales, y asumir la inteligencia artificial no como una simple tendencia tecnológica, sino como una herramienta poderosa para beneficiar a millones de personas y fortalecer un modelo de desarrollo territorial más sostenible.
SOJ





