La iniciativa está desarrollándose en Santa Bárbara, Alto Biobío, Loncopangue, Quilleco y Los Ángeles.
El biólogo marino Rodrigo Fuentes está liderando un proyecto pionero en Concepción, utilizando la lenteja de agua chilena como base para un bioestimulante natural que promete revolucionar el sector agrícola. “Esta planta, como vive en el agua, tiene propiedades que la ayudan a descongelarse durante el día. Se congela en la mañana y después, por la tarde, sigue viviendo”, agrega Fuentes. Con un alto contenido proteico del 40%, la planta se utiliza como bioestimulante para mejorar el crecimiento y resistencia de las plantas, aumentando su capacidad para absorber nutrientes y agua, y preparándolas para enfrentar condiciones adversas, como el estrés térmico e hídrico.
Bajo observación e investigación, nació Azolem, un bioestimulante de origen vegetal a base de Lemma Minor (planta acuática) y Azolla (helecho de agua), que estimula el crecimiento de las estructuras vegetales. Este innovador proyecto tiene un fuerte componente social y ambiental, ya que la producción y consumo de legumbres es fundamental para reducir la presión sobre los ecosistemas, mejorar la salud humana y enfrentar el cambio climático. Además, ha generado un impacto significativo en el ámbito laboral de las comunas del sur del país. En comunidades como Santa Bárbara, Alto Biobío, Loncopangue, Quilleco y Los Ángeles, la producción de lenteja de agua ha permitido la creación de empleos, especialmente para personas con limitaciones, como cuidadores de adultos mayores. En cuanto a su impacto en el medio ambiente, la planta es altamente eficiente en la captura de CO2, contribuyendo así a la reducción de gases de efecto invernadero.
Esta planta acuática, rica en proteínas y aminoácidos, tiene un alto potencial en la alimentación animal y humana, y se cultiva mediante sistemas hidropónicos, ahorrando agua y evitando el uso de pesticidas. El proyecto, denominado Azolem, ha generado un impacto social y ambiental positivo, creando empleos en comunidades locales y contribuyendo a la reducción de CO2. Además, el modelo de negocio se basa en el comercio justo, reinvirtiendo el 10% de las ganancias en los agricultores.
Con el respaldo de instituciones como Corfo, el proyecto avanza hacia la expansión de su producción y comercialización, proyectando un crecimiento significativo en el mercado de bioestimulantes orgánicos en Chile.
En cuanto a su impacto en el medio ambiente, la planta es altamente eficiente en la captura de CO2, contribuyendo así a la reducción de gases de efecto invernadero. “Un 50% de su materia, peso seco, es lo que se extrajo de CO2 atmosférico”, asegura Fuentes. Asimismo, el modelo de negocio del proyecto se fundamenta en el comercio justo, con un enfoque en beneficiario a los agricultores. “El 10% de mis ganancias se reinvierte en ellos”, explica el emprendedor. Con un mercado de bioestimulantes orgánicos en Chile proyectado a crecer un 300% hasta 2033, el proyecto se perfila como una clave alternativa para enfrentar desafíos como la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ante el crecimiento poblacional. Este proyecto ha recibido apoyo de instituciones como Corfo, que otorgó un fondo denominado Capital Semilla Inicia de $15 millones y se encuentra en proceso de implementación. Además, Fuentes colabora con los doctores José Becerra y Claudia Pérez, quienes están realizando la validación técnica del producto. El proyecto avanza hacia la expansión de su producción y comercialización, iniciando sus primeras ventas en enero de 2025, logrando agotar toda la producción en su primer día.
SOJ





