El Terminal Marítimo de ENAP en la Bahía de San Vicente no duerme. Funciona las 24 horas del día, los 365 días del año, sosteniendo el pulso de la zona centro-sur del país al abastecer un tercio de la demanda nacional de combustibles. Conscientes de su rol crítico, la estatal ha dado un paso definitivo hacia el futuro con una renovación tecnológica sin precedentes en su infraestructura.
Esta semana, el terminal cerró con éxito un hito clave: la instalación de dos nuevos brazos de carga de última generación, piezas fundamentales que actúan como las arterias que conectan los buques petroleros con tierra firme para transferir gasolinas y diésel.
Ingeniería de vanguardia sobre el mar
Los nuevos equipos no son cualquier pieza de muelle; son verdaderos colosos de la ingeniería marítima global:
- Sello de clase mundial: Fabricados por KANON, la firma neerlandesa con más de 40 años de trayectoria que lidera el mercado global de transferencia de líquidos.
- Dimensiones titánicas: Cada brazo mide cerca de 20 metros de largo y pesa la impresionante cifra de 23 toneladas.
- Misión: Garantizar que el flujo de productos limpios sea más rápido, limpio y seguro que nunca.
«Esta inversión nos permite mantener la integridad operativa con mayor eficiencia. Es un reflejo nítido del compromiso de ENAP con la seguridad, el medioambiente y la modernización permanente de sus instalaciones», destaca Jorge Farías, director del Terminal Marítimo San Vicente.
La hoja de ruta de una transformación total
Este montaje no es un hecho aislado, sino el corazón de un ambicioso plan de renovación de activos que comenzó en 2024 y que se extenderá hasta 2027:
[ Fase 1: 2024 ] ──> Envío del primer brazo original a Países Bajos para un overhaul completo en fábrica.
[ Fase 2: 2026 ] ──> Instalación de los 2 nuevos brazos KANON para productos limpios (Hito actual).
[ Fase 3: 2027 ] ──> Reemplazo total de los brazos de productos negros (Proyectado para el Q1).
Un coloso estratégico en el Pacífico
Con un muelle que se adentra casi un kilómetro mar adentro y la capacidad técnica para recibir en simultáneo a dos buques de hasta 280 metros de eslora, el Terminal Marítimo San Vicente ya era un referente en América Latina.
Hoy, al integrar tecnologías bajo los estándares más exigentes de la industria petrolera mundial, no solo asegura el suministro energético de millones de chilenos, sino que eleva la vara de la eficiencia y la seguridad ambiental en la costa de la Región del Biobío.
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