Carta al Director: Mosquito del dengue en Chile

De María Jesús Hald
Epidemióloga Facultad de Medicina U. Andrés Bello

Esta semana la Seremi de Salud de Tarapacá confirmó adultos, larvas y huevos de Aedes aegypti dentro de la Fiscalía de Iquique y fumigará unos 270 inmuebles colindantes durante siete días. Doce días antes, la OPS había llamado a reforzar la vigilancia frente al dengue y el chikungunya. Hay quienes dirán que la alarma es exagerada, y tienen un dato a favor: el acumulado regional de dengue ronda 1,7 millones de casos sospechosos, más de 50% menos que en 2025. Pero esa cifra responde a otra pregunta.

En 2026 circularon los cuatro serotipos, a veces a la vez en un mismo país, y una segunda infección por un serotipo distinto puede asociarse a cuadros más graves. El chikungunya, por su parte, sumó más de 213 mil casos sospechosos y 88 fallecidos hasta mediados de septiembre, con dolor articular que en algunas personas se prolonga por meses. Hay un punto que puede incomodar: fumigar después de encontrar el mosquito es llegar tarde. Se necesita, pero es control de daños.

Con Aedes detectado desde Arica hasta Santiago, una alerta sanitaria vigente y un fenómeno de El Niño previsto para 2026-2027, Chile requiere vigilancia entomológica y epidemiológica realmente conectada, diagnóstico molecular y serológico oportuno, secuenciación genómica de rutina y equipos de atención primaria que sospechen dengue o chikungunya frente a una fiebre de verano. Esperar tiene un costo concreto. Si el primer conglomerado aparece en enero, nos encontrará improvisando. La alerta de la OPS no pide pánico ni indiferencia, pide aprovechar los meses que quedan antes del calor.

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