El «18» terminó, pero para muchos sus efectos seguirán presentes hasta fin de mes e incluso durante los próximos meses. Basta revisar la cuenta corriente o la tarjeta para descubrir qué Fiestas Patrias probablemente costaron bastante más de lo que parecía mientras celebrábamos. El problema es que el gasto no comenzó necesariamente el «18». Septiembre es, para los chilenos, un mes en que tenemos muchas ganas de compartir. Nos reunimos con la familia, amigos, compañeros de trabajo y vecinos. Es difícil decir que no a un asado más, a una junta más o a un aporte más, porque muchas veces sentimos que lo que está en juego no es solamente plata, sino también pertenencia.
Ahí aparece una primera explicación para la llamada “resaca financiera”. Rara vez existe una compra extraordinaria que explique por sí sola el descuadre. Lo que encontramos son muchos gastos aparentemente pequeños: carne para un asado, bebidas para otro, una entrada a una fonda, un traslado, trajes típicos, actividades escolares o aportes para distintas celebraciones. Individualmente parecen inofensivos. El problema aparece cuando los sumamos. Algo similar ocurre con las tarjetas de crédito. Comprar en tres o seis cuotas puede disminuir la sensación inmediata de gasto, pero no su costo. Las cuotas esconden temporalmente el monto real y permiten que una celebración de septiembre siga apareciendo en nuestros estados de cuenta cuando ya estemos pensando en Navidad.
Incluso el aguinaldo puede producir una sensación engañosa de mayor holgura. Para quienes lo recibieron, ese ingreso adicional pudo ayudar a financiar las celebraciones, pero septiembre no reemplazó las cuentas habituales. El arriendo, los servicios básicos, las deudas y otros compromisos siguieron existiendo. Y quienes no tuvieron aguinaldo enfrentaron las mismas invitaciones y ganas de participar con el presupuesto regular del mes. Por eso, después de celebrar, conviene hacer algo poco agradable pero necesario: mirar cuánto gastamos realmente. Revisar la cartola, sumar las compras relacionadas con Fiestas Patrias e identificar cuánto quedó pendiente en tarjetas o cuotas permite transformar una sensación difusa de desorden en una cifra concreta.
Pero quizás lo más importante no sea lamentarnos por septiembre, sino aprender de él. Halloween y Navidad están más cerca de lo que parece y nuevamente aparecerán invitaciones, regalos, comidas y esa misma disposición emocional a gastar porque queremos compartir. Ordenar nuestras finanzas no significa dejar de celebrar ni convertir cada encuentro en una planilla Excel. Significa reconocer nuestros límites antes de que llegue la próxima invitación. Porque muchas veces la resaca financiera no comienza cuando gastamos demasiado, sino cuando dejamos de mirar cuánto estamos gastando. Y celebrar siempre será más agradable cuando la cuenta no llegue después a recordarnos todo aquello que preferimos no sumar.
* Marcela Topaz, académica de Ingeniería Comercial, Universidad Andrés Bello





