El Sueño De La Estrella Herida


Por Antonio Álvarez Burger

Era un cráter inmenso en la llanura. En la espesura del tiempo. No sé cuánto tiempo llevaba ahí. Me detuve con mi perro en el borde e intenté observar hacia lo más recóndito. Estaba oscuro, silencioso, sólo esa luz desfalleciente: agonizaba, apenas fulguraba. Era una estrella. Se veía diminuta allí al fondo de esa fosa gigantesca que más parecía un abismo, pero que en realidad tenía un tamaño descomunal.

En las profundidades de las aguas oscuras se debatía convaleciente. 

Era definitivamente una estrella, que al parecer gemía. Estaba vestida de miedo, pues se le iba la vida. De pronto una luz intensa invadió el llano, donde con mi perro permanecíamos. Intenté varias veces cerrar los ojos para concentrarme, pese a mis temores. Quise imaginar que la estrella emergía desde aquel abismo como si se tratase de una nave a propulsión. Entonces, una y otra vez lo hice hasta que logré quedarme dormido, mientras mi perro se acurrucaba a mi lado y me lamía las manos. 

Ilusorio era lo que yo pretendía, pero en un segundo perdí la conciencia y caí en un sueño extraño y profundo. 

Hubo gente que había visto caer la estrella, la buscaron infructuosamente durante mucho tiempo en ese llano solitario y silencioso. Nadie sospechó jamás de la existencia del cráter o espectacular hendidura en la tierra. Yo soñé en ese momento que la estrella  afloraba y comenzaba a recuperarse de las heridas. Me despertó abruptamente el ladrido de mi perro, maravillado por la luminosidad proyectada desde el cuerpo celeste, que de improviso, en un santiamén, alzó el vuelo y se perdió en medio de los millares de estrellas que la aclamaban desde el cosmos.