Tras el retorno a la Tierra, el comandante y piloto de la misión Artemis II, Reid Wiseman, relató en una conferencia de prensa junto a sus compañeros de ruta, la emoción del regreso a su hogar luego una travesía que fue histórica, y comentó que al comienzo de la misión no estaba pendiente de las vistas, sino de las tareas a realizar. Remarcó la dificultad del viaje, señalando que éste “no ha sido fácil. Estar a más de 200.000 millas de casa, justo antes del lanzamiento, se siente como el sueño más grande del mundo. Cuando estás ahí afuera, lo único que quieres es volver con tu familia y tus amigos. Es algo especial ser humano, y es algo especial estar en el planeta Tierra”.
Tras una misión que marcó un hito después de 53 años, los astronautas ingresaron a una velocidad de casi 40.000 kilómetros por hora, para enseguida caer cerca de las costas de California, y dar por finalizado el viaje espacial a la Luna. La cápsula Orión amerizó sobre el Océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, donde equipos de la NASA y del ejército estadounidense extrajeron a los cuatro astronautas y los trasladaron en helicóptero al buque USS John P. Murtha.
El lado oculto de la Luna
La misión de Artemis II consistía en poder observar y capturar imágenes del lado oculto de la Luna, ya que desde la Tierra no se puede ver. “Vimos cosas que ningún ser humano ha visto jamás, ni quisiera la Apolo”, sostuvo Wiseman y, enseguida, añadió: “Es simplemente indescriptible. Por más que la miremos, nuestro cerebro no logra procesar esta imagen. Es absolutamente espectacular, surrealista… no hay adjetivos; voy a tener que inventar algunos nuevos, no hay palabras para describir lo que vemos por esta ventana».
Poder capturar la imagen oculta de la Luna no fue la única meta que lograron los tripulantes del Artemis II, ya que se convirtieron en los seres humanos que más se han adentrado hasta ahora en las profundidades del espacio. Los astronautas a bordo de la cápsula Orión rompieron el récord de 400.171 kilómetros establecido por la malograda misión Apolo 13 hace más de medio siglo, según consignó BBC Mundo. Previo a que Artemis II sobrevolara el lado oculto de la Luna, China envió dos sondas (naves espaciales no tripuladas) a esa región del satélite: la Chang’e 4 en 2019 y la Chang’e 6 en 2024. Esta última recogió muestras y las trajo consigo de vuelta a la Tierra para su estudio.
La llegada de los tripulantes a la superficie terrestre no implicó el fin inmediato de sus tareas operativas, y tampoco el retorno inmediato a la vida privada, ya que los astronautas debieron someterse a una serie de evaluaciones físicas. Estas medidas respondieron a la necesidad de monitorear la adaptación del cuerpo humano tras la exposición a condiciones extremas en el espacio exterior. Asimismo, estos estudios funcionaron como una fuente de información directa para futuras misiones (Fuente: La Nación).





