En los bosques nativos de Santa Bárbara, en la Región del Biobío, se esconde un tesoro líquido que hoy viaja rumbo al corazón de Europa. Lo que comenzó como una tradición familiar transmitida de generación en generación, se ha transformado en un hito de exportación: contenedores cargados de miel pura a granel están zarpando con destino a Alemania, consolidando a esta comuna chilena como un referente global de la apicultura de alta gama.
El logro no es casualidad. Santa Bárbara posee un ecosistema privilegiado donde el avellano, el quillay, el boldo y el maqui configuran una flora melífera única. El resultado son mieles monoflorales de una pureza excepcional, codiciadas en el extranjero por sus propiedades organolépticas y su origen incontaminado.
Un bálsamo contra el cambio climático
Este hito coincide con el reciente Día Mundial de las Abejas, una fecha que en el Biobío se vive con especial sentido de urgencia. La apicultura local hoy se define por una sola palabra: resiliencia. Con un registro de 94.932 colmenas y más de 500 apicultores de la Agricultura Familiar Campesina —muchos de ellos apoyados por INDAP Biobío—, el sector da una batalla diaria contra las plagas, las enfermedades y los efectos visibles de la crisis climática.
«Somos una zona privilegiada, aunque el avance forestal ha afectado el recurso hídrico y la flora en los últimos años. Aun así, seguimos destacándonos por una calidad reconocida a nivel nacional e internacional», explican desde el sector productivo local. Es justamente esa geografía diversa la que permite que, mientras la provincia de Biobío brilla con sus mieles monoflorales, zonas como Santa Juana, Yumbel y Arauco sorprendan al mercado con complejas variedades multiflorales.
Pasaporte sanitario para la Unión Europea
El salto internacional de Santa Bárbara comenzó a pavimentarse hace dos años con el nacimiento de la marca Apícola Santa Bárbara. Tras consolidar una red de 50 distribuidores que cubre Chile desde Iquique hasta Puerto Montt, el siguiente paso lógico era mirar al exterior.
A través de una alianza estratégica con ProChile, se logró el contacto con el exigente comprador alemán. Sin embargo, abrir la puerta del mercado europeo requirió una transformación radical en los estándares de producción. El desafío exigió una fuerte inversión económica y técnica para adaptar las salas de procesos a las rigurosas normativas sanitarias de la Unión Europea y obtener la certificación del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).
«Fue un trabajo arduo de inversión y adecuación. Tuvimos que aprobar todas las pautas del SAG para exportación. La semana pasada despachamos un contenedor y esta semana va otro», relatan los protagonistas de esta hazaña comercial.
Para el consumidor alemán, el valor de este producto radica precisamente en su trazabilidad y en la pureza de su origen silvestre. Con estos envíos, los apicultores de Santa Bárbara no solo exportan miel; envían al viejo continente un pedazo del bosque nativo chileno y el testimonio vivo de un oficio que se niega a desaparecer.
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