Gritos de atención en la red: La psicología y los riesgos detrás de las amenazas escolares digitales

Lo que comienza como un mensaje anónimo en un grupo de WhatsApp o una historia de Instagram, termina con comunidades educativas completas sumidas en el pánico. Aunque la gran mayoría de las amenazas que circulan en colegios chilenos no llegan a concretarse, el fenómeno de la «violencia digital preventiva» ha encendido las alarmas sobre un problema de fondo: la orfandad digital de los adolescentes.

Soledad Garcés, académica del Diplomado en Bienestar Socioemocional y Convivencia Escolar de UAndes, desmenuza este comportamiento no como un acto de ciberdelincuencia sofisticada, sino como una preocupante mezcla de ignorancia y búsqueda de visibilidad.

El mito del anonimato y la «Acción Temeraria»

Para muchos jóvenes, internet es un territorio sin ley donde la identidad se puede camuflar tras un pseudónimo. Sin embargo, Garcés advierte que esta sensación de impunidad es una ilusión peligrosa.

«Creen que el anonimato es real, pero la PDI identifica estas cuentas de forma muy simple. No son criminales expertos, son niños y adolescentes que no entienden que están cometiendo delitos con consecuencias legales graves para ellos y sus familias», explica la experta.

Detrás de este «atrevimiento» suele esconderse la presión de grupo —el clásico desafío de «¿quién se atreve a…?»— o simplemente el deseo individual de generar revuelo para aliviar la frustración de no ser vistos por su entorno.


Factores de riesgo: De la ignorancia al «Abandono Digital»

La académica de la Uandes identifica tres motores principales detrás de estas amenazas:

  1. Ignorancia: Desconocimiento absoluto de la huella digital y la ley.
  2. Atrevimiento: Una conducta temeraria propia del desarrollo adolescente.
  3. Invisibilidad: La necesidad de «generar impacto» para sentirse protagonistas en un mundo que los ignora.

No obstante, Garcés es enfática en que el problema más grave no está en la tecnología, sino en la supervisión. Más que hablar de padres «permisivos», la académica utiliza un concepto mucho más crudo: abandono.

«Los estudiantes están solos. Pasan horas en internet sin supervisión, sin compañía y, lo más grave, sin haber recibido una educación para habitar esos espacios. No están siendo protegidos por los adultos que deberían hacerlo», sentencia.

Señales de alerta: ¿Cuándo preocuparse?

Aunque la mayoría de los mensajes son falsas alarmas, existen patrones que sí requieren intervención inmediata. La experta señala que la participación en foros de la deep web, el consumo de contenido sobre tácticas terroristas o la interacción en canales de Discord o Telegram donde se glorifica la violencia, son señales de alerta que los adultos no deben dejar pasar.

En síntesis: El problema de las amenazas escolares no se soluciona solo con protocolos de seguridad, sino con presencia. Mientras la brecha entre la vida digital de los hijos y la supervisión de los padres siga creciendo, los colegios seguirán siendo el escenario de una frustración que no encuentra otro canal de expresión que el miedo.


Claves para la comunidad:

  • Educación: Enseñar que la amenaza digital es un delito real.
  • Supervisión: Acompañar el uso de redes, no solo vigilarlo.
  • Visibilidad: Validar emocionalmente a los jóvenes para que no busquen notoriedad a través del conflicto.

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