El Grupo de Política Monetaria (GPM) recomendó mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 4,5% durante su reunión de abril, en un contexto marcado por presiones inflacionarias derivadas de un shock externo en los precios de los combustibles y una actividad local más débil de lo previsto. Este pronunciamiento se da previo a la decisión que adoptará el Banco Central en su tercera reunión del año, este martes a las 18:00 horas, instancia en la que se definirá el rumbo de la TPM. Según los economistas Eugenia Andreasen, Carlos Budnevich, Juan Pablo Medina, Andrea Tokman y Humberto Martínez, las expectativas de inflación a dos años se mantienen ancladas en torno al 3%, aunque la EOF las situó levemente sobre la meta, en 3,2%.
“El escenario combina un shock en el precio de los combustibles persistente, que eleva la inflación de corto plazo y reduce el espacio de política monetaria a nivel global, una actividad local que ha comenzado el año más débil de lo anticipado y una trayectoria de precios internos que se prevé que se aleje de la meta al menos transitoriamente”, señala el documento. En esa línea, la académica de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Eugenia Andreasen, afirmó: “La trayectoria futura de la GPM requerirá una evaluación cuidadosa, reunión a reunión, del grado de persistencia de los efectos inflacionarios del shock energético y de la evolución de la actividad local”. Durante la instancia, los integrantes del grupo abordaron la magnitud del impacto internacional, especialmente por las disrupciones en el suministro energético y de insumos clave a nivel global.
Andreasen advirtió que “no es sólo el petróleo lo que está viéndose afectado y eso va a ser clave para entender la transmisión que haya, no sólo en el impacto inicial, sino también en términos de segunda vuelta”. En la misma línea, Carlos Budnevich sostuvo que: “Estamos enfrentando shocks simultáneos de oferta en distintos ámbitos de productos claves para la economía. Eso, por supuesto, puede tener más ramificaciones hacia la inflación mundial y un shock de costo más significativo en distintos ámbitos de la producción”. El grupo coincidió en que la incertidumbre internacional, marcada por tensiones geopolíticas y volatilidad en los mercados, complejiza las decisiones de política monetaria. En ese contexto, Andreasen señaló que “esta señal de cautela justamente marca que es muy difícil pensar cualquier tipo de movimiento”, agregando que existen “señales que van para un lado y para el otro” entre inflación y actividad. Por su parte, Juan Pablo Medina enfatizó el carácter contingente de las decisiones futuras: “Las acciones de política, más allá de estar condicionadas a una trayectoria preestablecida, van a estar más condicionadas a una contingencia de cómo va a ir desarrollándose la inflación hacia adelante, junto con la actividad y demanda”.
Medina agregó que el contexto actual dificulta proyectar con claridad la trayectoria de la política monetaria, dado que la economía se ubica en niveles cercanos a su tasa neutral. De igual manera, enfrenta un escenario en que las presiones inflacionarias y el debilitamiento de la actividad avanzan en direcciones contrapuestas. “No es tan fácil moverse tan marcadamente en una dirección”, explicó. El GPM recalcó que la situación actual exige mantener la tasa en un 4,5% y una conducción prudente de la política monetaria, considerando tanto los efectos inflacionarios del shock externo como el debilitamiento de la economía local.





