Tabilo sentado en el banco, con la mirada perdida en el cemento, mientras a pocos metros su rival celebraba una remontada épica. Es la fotografía de una derrota que cala hondo.
Claro. Porque tenía el trofeo en la punta de los dedos, pero el tenis, en su faceta más implacable, le recordó a Alejandro Tabilo que los partidos no se cierran hasta que cae la última bola, nunca antes. Lo que comenzó como una exhibición de superioridad terminó en un completo exceso de confianza y una pesadilla física y mental: el chileno cayó ante el argentino Tomás Etcheverry (51° ATP) por 3-6, 7-6 (3) y 6-4, dejando escapar el que pudo ser el título más brillante de su vitrina.
Del dominio absoluto al colapso
Durante set y medio, el guion favorecía por completo al nacional. Con un set arriba y un quiebre de ventaja en el segundo, Tabilo parecía encaminado a una victoria de autoridad. Sin embargo, cuando la meta estaba a la vista, los fantasmas aparecieron. El cuerpo empezó a pasar factura y la mente, traicionera, permitió que Etcheverry —un especialista en la resistencia— encontrara una grieta por donde colarse.
«Fue un partido durísimo, muy físico. Tomás se mantuvo firme, aguantando todo», confesó un Tabilo visiblemente afectado en zona mixta. El chileno detalló el calvario que vivió en la pista: «Aparecieron calambres, la espalda se apretó… estaba rígido, no me podía mover. Él aprovechó su momento».
Alejandro Tabilo no pudo. Podría haber sido el título más importante de toda su carrera.
El quiebre que lo cambió todo
El punto de inflexión ocurrió en ese segundo parcial, cuando el «break» a favor parecía definitivo. «Llegaron los nervios», admitió con honestidad brutal. «Él se puso duro, ya no era fácil meterle winners y yo me fui quedando atrás. Me dolió mucho no poder mantener el daño que venía haciendo».
La imagen del final lo dice todo y ya recorre las redes: Tabilo sentado en el banco, con la mirada perdida en el cemento, mientras a pocos metros su rival celebraba una remontada épica. Es la fotografía de una derrota que cala hondo.
Mirada puesta en Santiago
A pesar de la tristeza, el tenis no da tregua. Tabilo ya piensa en el Chile Open, aunque llega al límite de sus capacidades. Con la humildad de quien reconoce su desgaste, envió un mensaje a la organización del torneo nacional: «Ojalá me den el mayor tiempo posible para debutar. Necesito llegar preparado al día que me toque jugar».
La herida tardará en cerrar, pero el nivel mostrado esta semana confirma que Tabilo tiene el tenis para estar en la élite. Ahora, el desafío es convertir ese dolor en combustible para lo que viene.
SOJ





