El tenis, a veces, no se trata de quién pega más fuerte, sino de quién resiste un segundo más. Esa fue la lección que dictó Tomás Barrios (114°) -formado en Concepción- esta tarde en el ATP 250 de Buenos Aires, donde firmó una de esas victorias que desafían la lógica del deporte. En un duelo que parecía sentenciado, el chileno remontó un escenario imposible para vencer al brasileño Thiago Seyboth Wild (197°) por 4-6, 6-5 y retiro.
Al borde del abismo
El encuentro fue una montaña rusa de emociones que superó las dos horas de batalla. Tras un primer set donde la derecha del brasileño impuso condiciones (6-4), el panorama se oscureció definitivamente para el chillanejo en la segunda manga. Barrios se encontró con un 2-5 en contra, con dos quiebres de desventaja y un rival que parecía tener el boleto a octavos en el bolsillo.
Pero el «Gigante de Chillán» se negó a bajar los brazos:
- El primer aviso: Salvó un match point cuando Seyboth Wild sacaba 5-3.
- La agonía: Salvó otros dos puntos de partido cuando el marcador estaba 5-4.
El colapso y la furia
Fue justo antes de ese décimo juego cuando el destino del partido dio un giro dramático. El fisioterapeuta entró a la arcilla para atender a un Seyboth Wild que, de pronto, comenzó a mostrar dificultades severas para desplazarse. La frustración consumió al brasileño: mientras Barrios mantenía la calma y encadenaba juegos para ponerse 6-5 arriba, su rival estallaba en ira, destrozando su raqueta contra el suelo antes de anunciar que no podía seguir.
El regreso al Top 100 en la mira
Más allá de lo anecdótico del retiro, este triunfo es oxígeno puro para el chileno. Con este resultado, Barrios escala virtualmente al puesto 104 del ranking ATP, quedando a las puertas de la élite mundial.
El próximo desafío será una verdadera prueba de fuego: se enfrentará en octavos de final al italiano Luciano Darderi (22°). El botín es claro: si Tomás logra derribar al europeo, sellará su regreso oficial al Top 100 después de dos años de ausencia. En Buenos Aires, Barrios demostró que mientras quede una pelota en juego, la esperanza sigue viva.





