En un escenario muy predeciblemente favorable a las posibilidades de elegibilidad de la candidatura de José Antonio Kast a partir de su capacidad para conectar con la ciudadanía e interpretar sus principales angustias, situada en los retos en materia de seguridad, control migratorio, recuperar una senda de responsabilidad fiscal y habilitar las bases estructurales para la inversión y el crecimiento económico para ampliar las oportunidades.
La unidad de la oposición no supone un lujo, ni un cliché, la mejor forma de aportar al desafío de ampliar la ventaja sobre la candidata del oficialismo, para mejorar las bases de gobernabilidad depende de la generosidad la apertura a interpretar a sectores amplios y diversos que a lo menos busquen la adhesión del 62% del rechazo.
El desafío no del candidato sino de sus equipos, los partidos que lo respaldan es ir a buscar a aquellos sectores que aprecian los valores que la candidatura de Kast interpreta en cuanto clivaje por contraposición con Jara, en el aprecio al Estado de derecho, en la protección, defensa y promoción del derecho a la vida, a la seguridad, a la libertad y la propiedad como primer escalafón de los derechos fundamentales de las personas como primera obligación del Estado, los que creen en las vías pacíficas, democráticas y siempre institucionales para encauzar cambios graduales, los que aprecian la fortaleza institucional y la democracia liberal para encauzar y articular la vida colectiva, consignando el sentir de las mayorías con plena observancia al derecho de las minorías y en un sistema político republicano orientado a limitar el poder político para combatir la discrecionalidad, la arbitrariedad, el abuso y cualquier forma de tiranía.
De ahí que el modesto propósito de esta columna, es llamar a la unidad de la oposición no como una frase políticamente correcta, ni como un recurso dialéctico.
Se trata de entender que la unidad es un imperativo ético, que se conjuga con el ideal de asegurar el buen gobierno.
La fraternidad en las derechas desde el centro como expresión de la voluntad de afirmar un proyecto común, no es solo el camino posible para la gobernabilidad, sino también es la posibilidad de afirmar un conglomerado con vocación de mayoría que pueda proyectarse más allá de un gobierno, se trata de construir una mayoría política y social que pueda proyectarse a lo menos para 8 ó 12 años que devuelvan a Chile estabilidad y que habilite aquellas transformaciones que sirven de bases estructurales al desarrollo. para ofrecer a Chile estabilidad y capacidad para abordar reformas estructurales y promover una vía para el desarrollo para un Chile que abrace la paz, la prosperidad y el progreso para mejorar la condición de vida de los Chilenos.
Augusto Parra Ahumada
Ing.Comercial/Posgr. en Ciencias Políticas
Presidente de la Fundación República en Marcha
Editado: SOJ





