Lo que para la pujante industria miticultora chilena es un desecho masivo y un dolor de cabeza ambiental, para la ciencia local es la materia prima de una revolución ecológica. En las costas de nuestro país, miles de toneladas de conchas de mejillones —o choritos— terminan descartadas anualmente en vertederos o playas, acumulando residuos calcáreos ricos en carbonato de calcio que rara vez encuentran una segunda vida. Sin embargo, un equipo de científicas del sur de Chile ha encontrado la manera de conectar este problema con otra urgencia nacional: la contaminación por metales pesados en aguas destinadas al consumo humano.
Bajo los principios de la economía circular, la Dra. Elizabeth Elgueta, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), lidera un pionero proyecto que busca transformar estas conchas en un material de alta tecnología capaz de remover contaminantes del agua. La iniciativa, que acaba de adjudicarse el prestigioso Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondef) de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), promete ser un puente de innovación aplicada entre los sectores productivos y el bienestar social.
“La propuesta destaca por combinar la valorización de residuos marinos con el desarrollo de soluciones para el tratamiento de aguas, integrando principios de sostenibilidad e innovación tecnológica”, explica la Dra. Elgueta, quien también es investigadora del Centro de Investigación en Biodiversidad y Ambientes Sustentables (CIBAS). Para la académica, este fondo estatal no solo es un respaldo a la calidad de la ciencia regional, sino un motor para «generar soluciones con impacto real y consolidar la vinculación con las empresas y actores del territorio».
El corazón del proyecto es puramente interdisciplinario. Junto a la Dra. Elgueta, las científicas de la UCSC y del CIBAS, Dra. Dariela Núñez y Dra. Rocío Durán, trabajarán en los laboratorios para evaluar el desempeño de esta nueva tecnología. El objetivo a corto plazo es demostrar su factibilidad técnica en escenarios controlados, sentando las bases para un futuro escalamiento industrial y su posterior validación en terreno. Además, la iniciativa abrirá espacios clave para la formación de nuevos científicos y profesionales de vanguardia en el área ambiental.
Las proyecciones de este filtro sustentable van mucho más allá de limpiar los desechos de las playas. Si la tecnología pasa con éxito las pruebas de laboratorio, podría transformarse en un aliado estratégico para comunidades rurales y costeras, así como para los sectores sanitario, acuícola y minero, que hoy enfrentan normativas ambientales cada vez más estrictas respecto a la calidad del agua.
Al final del día, esta investigación demuestra que las respuestas a los grandes desafíos del desarrollo sostenible a menudo están escondidas en lo que descartamos. Al convertir un residuo abundante en un recurso crítico para la seguridad hídrica, la ciencia chilena no solo protege la salud de las personas, sino que le devuelve el equilibrio a los ecosistemas costeros, transformando la basura del mar en una oportunidad de vida.
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