La investigación se centra en el cultivo de avellano europeo, una especie en franca expansión, y busca utilizar los cultivos de cobertura como una herramienta clave para mejorar la calidad del suelo y actuar como un reservorio de carbono, mitigando el cambio climático.
La preocupación central es el efecto de las prácticas agrícolas intensivas. La mantención de suelos desnudos mediante herbicidas o labranza, aunque común, conlleva riesgos severos como la erosión, la pérdida de materia orgánica y la reducción de la capacidad de almacenamiento de agua, explicó Rosa Vergara, candidata a Doctorado en Ciencias de la Agronomía y ejecutora principal del estudio.
El Desafío Científico: Cobertura vs. Desnudez
El proyecto compara el manejo de suelo convencional (sin vegetación) con la siembra de tres tipos de coberturas vegetales: festuca enana, trébol subterráneo y pradera espontánea.
“La mantención de los suelos desnudos… conlleva riesgos como la erosión y reducción de la materia orgánica del suelo, lo que acarrea una pérdida de nutrientes, reducción del carbono almacenado en el suelo y pérdida de estructura del suelo”, precisó Vergara.
El Dr. Jorge Retamal, investigador de INIA Quilamapu y co-guía de la tesis, junto al Dr. Mauricio Schoebitz de la UdeC, buscan comprobar si las coberturas vegetales pueden mejorar la salud del suelo sin comprometer la productividad del huerto.
Esta es una colaboración científica entre la Universidad de Concepción (UdeC) e INIA Quilamapu que está marcando el paso hacia una fruticultura más sostenible en la zona centro-sur de Chile.
Resultados Iniciales Prometedores en Chillán
El estudio se lleva a cabo en dos huertos con suelos contrastantes: uno en Chillán (suelo franco, de buenas condiciones) y otro en Los Ángeles (suelo arenoso). Esta comparación permitirá determinar cómo la condición edáfica influye en los resultados.
A pesar de que la bibliografía internacional indica que los efectos de los cultivos de cobertura se manifiestan a largo plazo, los resultados preliminares en Chillán han sido altamente alentadores en solo siete meses:
- Mejoras Físicas: La cobertura de trébol subterráneo disminuyó la densidad aparente del suelo en un 15% y mejoró la estabilidad de los agregados en un 12%.
- Mejoras Químicas y Biológicas: Se observaron mejoras en el carbono orgánico disuelto, el contenido de materia orgánica y el nitrógeno disponible. Además, el Dr. Schoebitz reportó aumentos en la actividad enzimática (ureasa y fosfatasa) y la mineralización de carbono, indicadores de un mejor funcionamiento biológico del suelo.
No obstante, los investigadores advirtieron sobre una leve disminución a corto plazo en los niveles de fósforo y azufre, un factor que deberá considerarse al definir la estrategia agronómica.
Mitigación Climática y Productividad
Más allá de la salud del suelo, el estudio aborda directamente la crisis climática. «El suelo es un reservorio de carbono. Si está bien manejado, puede actuar como sumidero, atrapando dióxido de carbono y ayudando a reducir los gases de efecto invernadero”, explicó Rosa Vergara.
El objetivo central de la tesis es validar la hipótesis de que estas coberturas, además de proteger el suelo, logran mantener o incluso mejorar la productividad de la avellana. Los datos productivos de la última temporada ya están en análisis y serán clave para el destino final de la investigación.
Aunque el desafío técnico de la cosecha (que se realiza directamente desde el suelo) podría verse dificultado por el exceso de vegetación, el Dr. Retamal perfila al trébol subterráneo como la opción más adecuada, ya que un manejo controlado de su corte antes de la recolección podría resolver este obstáculo, garantizando un futuro más sostenible para el floreciente cultivo del avellano europeo.
SOJ





