Por Qué votar por Kast. Columna de Augusto Parra

En tiempos de incertidumbre, cuando la ciudadanía observa con angustia cómo la inseguridad, el descontrol migratorio y el estancamiento económico erosionan las bases mismas de nuestra convivencia democrática, la pregunta de fondo no es solo quién gobernará Chile durante los próximos cuatro años, sino quién posee la capacidad real de devolverle gobernabilidad, estabilidad y rumbo a un país que lleva demasiado tiempo atrapado en la improvisación y la fragmentación política.

En este contexto, resulta imposible ignorar los riesgos asociados a una candidatura abiertamente comunista o sostenida por el Partido Comunista, cuyas pulsiones resultan evidentes, aún pese al respaldo de sectores de la oposición más vinculados al Socialismo Democrático. No se trata de prejuicios ni caricaturas, sino de una constatación histórica: las doctrinas que sostienen la lucha de clases, la estatización generalizada y la desconfianza hacia las instituciones representativas han demostrado ser incompatibles con la democracia liberal, la economía de derechos y las libertades que hemos construido por más de tres décadas. Chile necesita fortalecer su democracia, no tensionarla con proyectos refundacionales que, bajo la idea de “cambios profundos”, terminan por debilitar aquello que da cohesión y estabilidad a una sociedad abierta.

En contraste, he revisado con atención la propuesta de José Antonio Kast y encuentro en ella una comprensión profunda, y nada dogmática, de los desafíos estructurales que hoy enfrentamos: seguridad ciudadana, orden migratorio, capacidad de crecimiento y recuperación económica. El país requiere un liderazgo que asuma este mínimo programático de emergencia, capaz de unir en torno a prioridades esenciales y permitir que fuerzas diversas puedan colaborar sin quedar atrapadas en disputas ideológicas.

La coyuntura nacional obliga a pensar un gobierno que, más que imponer un ideario cerrado, articule un conglomerado amplio, con vocación de mayoría, que convoque a los sectores moderados y técnicos del país para recuperar un horizonte común. Kast ha mostrado disposición a ello: su programa, lejos de la rigidez doctrinaria, abre espacio a acuerdos que permitan recomponer capacidades para el progreso, devolver eficacia a la acción pública y enfrentar con seriedad las urgencias sociales.

Este minimalismo programático, centrado en restablecer el orden, impulsar el crecimiento y asegurar que Chile vuelva a ser un país que progresa no es una renuncia a las ideas, sino un acto de responsabilidad histórica. En momentos críticos, las naciones avanzan cuando logran coincidir en lo fundamental, dejando para etapas posteriores las discusiones de mayor alcance. Chile no puede darse el lujo de seguir paralizado por minorías que tensionan al sistema más allá de sus capacidades.

Votar por José Antonio Kast no es un cheque en blanco. Es optar por la alternativa que ofrece mejores condiciones para reconstruir gobernabilidad, habilitar acuerdos, estabilizar la economía y enfrentar con claridad los desafíos que hoy más afectan la vida cotidiana de los chilenos. Es apostar por un liderazgo que puede convocar a un gobierno de unidad nacional, integrado por los mejores y más preparados, más allá de partidos y fronteras ideológicas.

Por eso, en esta segunda vuelta, creo que Kast es la mejor alternativa para Chile: porque combina convicción democrática con sentido de realidad; porque entiende que el país necesita orden, crecimiento y estabilidad; y porque es quien está en mejores condiciones para abrir un nuevo ciclo político, menos estridente, más sensato y capaz de proyectar un proyecto de país que vuelva a poner en el centro el desarrollo humano y el bienestar colectivo.

Augusto Parra Ahumada 

Ingeniero Comercial 

Postgrado en Ciencias Políticas 

Presidente de la Fundación República en Marcha 

Edición: SOJ