El Partido Radical y la República. Columna de Augusto Parra

Don Jonás Gómez Gallo, ex Senador Radical Q.E.P.D,   en una entrevista en un diario de circulación nacional, de hace algunos años, afirmó: «a veces es necesario dejar de ser radical, para seguir siendo radical.» Se trataba del nieto de uno de los principales fundadores del centenario partido don Pedro León Gallo, quien había dejado, por razones muy calificadas y atendibles, su militancia en el partido. 

Lo cito por que hago mía esta frase en toda su extensión, es que constatamos con pena y dolor la proscripción legal del partido más antiguo de Chile y uno de los mas antiguos del mundo, que como señalara don Raúl Rettig, «su doctrina evolucionista, cobra vigencia ante cada una de las circunstancias de la historia.»

Es que en estricto rigor sus principios alejados de los fanatismos y las trincheras ideológicas, desde una vertiente del pensamiento liberal, laico y humanista se conjuga con las estructuras de la República, esa que ofrece una alternativa a la monarquía y la tiranía, que funda nuestra patria en el noble ideal de la libertad, que tiene por propósito entablar una forma de gobierno que organiza el Poder político para establecer el ejercicio del mandato soberano representativo y lo limita para asegurar el imperio del Estado de derecho, para proteger y resguardar la libertad y los derechos fundamentales inherentes a todo ser humano, de cualquier forma de arbitrariedad, discrecionalidad o abuso en el ejercicio del Poder. 

Abraza las ideas del pensamiento laico, por que cree en un Estado no confesional y que cree que la libertad se expresa en un camino de búsqueda espiritual que siempre es individual y respeta a quienes aspiran a abordarlo colectivamente.

Se trata de un partido que promueve la democracia representativa, como una capaz de interpretar el sentir de las mayorias, sin descuidar nunca el derecho de las minorías y que la entiende, no como mero y simple censo de preferencias, sino con un fragil y delicado sistema de convivencia colectiva, orientado a la protección, defensa y promoción de los derechos fundamentales de las personas y su libertad. Asimila la democracia moderna como una, en la lógica de Przewoski, maximalista en el sentido que adquiere para su expresión valores como el de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Que entiende la democracia como un ejercicio libre de toda forma de coerción y que garantiza y promueve las libertades civiles y políticas como requisito esencial, que entiende el ejercicio democrático entre personas iguales ante la ley y el sistema democrático y que entiende la fraternidad como el vehículo para articular desde la democracia el anhelo de vida en común y un futuro compartido. 

Se trata de un partido que si bien en materia social ha tenido distintas  inclinaciones y corrientes internas, cree en una economía social de mercado orientada a la promoción del libre emprendimiento y la libre competencia regulada entre iguales y sin privilegios y que entiende el motor progreso, está en la producción como principio, en el crecimiento como un medio insustituible y en una distribución eficaz como fin.

Tiene matices diversos respecto del rol del Estado en que algunos de sus militantes creen en un Estado más activo que otros, pero siempre orientado al bien común.

El Partido Radical en sus últimos lustros hizo suyas las ideas de la socialdemocracia, una corriente política que antepone a toda consideración ideológica o  subordina al cuidado de la democracia cualquier otra consideración ideológica y que en esa lógica aspira a un sistema que promueve en el reconocimiento de los derechos humanos  los derechos sociales, subordinados a las capacidades del Estado, para promover sistemas de protección social sostenibles. Que en Europa ha explorado con éxito vías al desarrollo que concilian la libertad económica con la búsqueda del bien común, la protección social y la felicidad.

Un partido que cree en el multilateralismo y la cooperación internacional, desde una institucionalidad internacional que asegure el cumplimiento del derecho Internacional.

Pero en síntesis es el partido que cierne las vértebras de la patria, que afianzo su República y su democracia y que existe en el corazón de una gran diaspora dispersa en otras corrientes que ha adoptado otros derroteros frente a inclinaciones coherentes con miradas respecto del futuro o de las ubicaciones políticas de otras colectividades que pueden en algunos casos hacer más sentido como en mi caso, particular con la capacidad de ofrecer respuestas a los problemas colectivos de este tiempo. 

Si bien en lo personal me inscribo con humildad entre quienes legítimamente pueden disentir de la estrategia de alianzas, pero en cuyo corazón palpitan las ideas del radicalismo, soy un convencido que el radicalismo seguirá viviendo en el inconsciente colectivo de la patria y la República que lo inspiró.

Con todo siempre orientado a contener el hiperfraccionamiento que supone la amenaza de gridlok o bloqueo parlamentario, que puede dificultar la gobernabilidad, como una de las externalidades de los regimenes presidenciales, espero que esta dolorosa noticia sea la oportunidad para re componer un cuadro político que facilite el dialogo y la busqueda de acuerdos, del que las ideas fundacionales del radicalismo no pueden estar ausentes.

Augusto Parra Ahumada 

Ingeniero Comercial

Postgr. en Ciencias Políticas 

Presidente de la Fundación República en Marcha

EDITADO SOJ

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