Diecinueve años después de la tragedia, la resiliencia de los sobrevivientes de Antuco toma una nueva forma: el emprendimiento formal. El FOSIS de la Región del Biobío ha dado inicio a la fase de capacitación del programa FNDR de Reparación y Emprendimiento, una iniciativa clave que busca dotar de herramientas económicas y apoyo psicológico a 50 sobrevivientes de la catástrofe.
El programa, que ya había avanzado en su crucial componente psicosocial el mes anterior, se centró ahora en el pilar del desarrollo de negocios. El curso inaugural puso el foco en un tema fundamental: la formalización.
El SII, Aliado en la Legalización de Sueños
La jornada de capacitación contó con la participación del Servicio de Impuestos Internos (SII), que impartió un módulo esencial para concientizar a los futuros emprendedores sobre la importancia de legalizar sus actividades. La formalización no es solo un requisito legal, sino una base indispensable para la consolidación de los negocios que nazcan de esta iniciativa.
«Así como hoy día estamos entregándoles un apoyo a estas personas para que puedan construir sus emprendimientos, también es preciso que esos emprendimientos se puedan consolidar cumpliendo con todas las normativas y con toda la legalidad vigente,» según el FOSIS, ejecutor del proyecto.
El programa es una respuesta directa a una necesidad expresada por la Agrupación de Sobrevivientes de la Tragedia de Antuco, quienes solicitaron al Gobierno Regional del Biobío (Gore Biobío) este apoyo integral, que implica una inversión de $300 millones.
De la Sanación a la Producción
La iniciativa tiene una duración de ocho meses y exige compromiso total de los participantes, tanto en el desarrollo de sus planes de negocio como en la asistencia al apoyo psicosocial.
Para los sobrevivientes, esta etapa representa una oportunidad de mirar al futuro con proyectos concretos.
Genaro Muñoz Gatica, uno de los beneficiarios, compartió su visión con optimismo: «Esta capacitación nos sirvió para aprender sobre la iniciación de actividades… personalmente, tengo la intención de dedicarme a la mantención agrícola y a futuro pretendo tener un pequeño huerto de frambuesas.»
Otro participante, Jobel Pacheco Soto, destacó el valor del conocimiento adquirido: «El 90% de los que estamos aquí no teníamos idea sobre la importancia de la formalización, así que me dejó bastante claro los pasos a seguir… Ahora esto me lleva un poquito más arriba y quiero aprovecharlo.»
De la mano del apoyo psicológico y con el respaldo del Gore Biobío, los 50 sobrevivientes de Antuco comienzan a escribir un nuevo capítulo de empoderamiento, transformando la experiencia en el motor de su desarrollo económico.
SOJ





