El Congreso chileno ha puesto sobre la mesa un proyecto de ley para declarar feriado el miércoles 17 de septiembre de este año. Esta propuesta, que busca modificar la ley que en 2004 ya decretó un día inhábil similar, no considera que el feriado sea irrenunciable. La iniciativa ha generado un debate sobre las posibles consecuencias para la economía nacional, ya que se sumaría a los feriados del 18 y 19 de septiembre.
Para entender el verdadero impacto, el experto Maximiliano Villalobos, investigador del Centro de Estudios Financieros (CEF) del ESE Business School, analiza el contexto. A diferencia de 2004, cuando los feriados de Fiestas Patrias cayeron en fin de semana y el 17 se decretó para no perderlos, la situación actual es distinta. Este año, el 18 y 19 caen en jueves y viernes, respectivamente, por lo que el proyecto simplemente añadiría un día libre extra.
El costo de un día menos de trabajo
Según estimaciones del Banco Central de Chile, cada día hábil adicional contribuye en promedio con 0,5 puntos porcentuales al crecimiento económico mensual (Imacec), con efectos aún mayores en sectores clave como la industria y el comercio.
Aunque eliminar un día hábil no tiene un efecto negativo de la misma magnitud, Villalobos explica que la pérdida sigue siendo significativa. «Los lunes son el día más costoso para la economía, y a medida que avanza la semana, el impacto disminuye».
En este sentido, un feriado el miércoles 17 de septiembre se asemejaría al impacto de un viernes. El experto señala que, al ser el último día hábil antes del largo fin de semana, muchas personas ya estarán en «modo ‘dieciocho'», y varias empresas trabajarán solo medio día o realizarán actividades de celebración.
Aun con estas consideraciones, Villalobos es enfático: decretar feriado el 17 de septiembre implicaría una pérdida económica, aunque sea moderada. Es un costo que el país asumiría en beneficio de una celebración más prolongada.
SOJ





