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Seis años de promesas incumplidas, inviernos gélidos y la sombra tóxica del asbesto. En un desgarrador testimonio de abandono, 51 familias de los comités Flores I y II en Los Ángeles, que esperaban acceder a viviendas dignas y térmicamente aisladas gracias a un subsidio estatal, se encuentran hoy atrapadas en un limbo de obras paralizadas, filtraciones constantes y un riesgo latente para su salud. La negligencia en la gestión de un proyecto vital ha convertido el sueño de una casa mejor en una pesadilla de goteras, humedad y desesperanza.
La Frustración de un Sueño Inacabado: Goteras, Frío y Asbesto
Desde febrero de este año, las obras del proyecto de mejoramiento térmico —enmarcado en el ambicioso Plan de Descontaminación Atmosférica (PDA)— están completamente detenidas. La promesa inicial de aislación completa, recambio de puertas y sustitución de techumbres se diluyó entre recortes presupuestarios y decisiones arbitrarias que obligaron a las familias a elegir entre subsidios parciales o perder totalmente el beneficio.
La historia de Marta Montiel es un eco de la tragedia que se vive en toda la manzana. «Mi mamá tiene 86 años y sufre de demencia. Se despierta en las madrugadas porque la cocina se gotea y cree que algo malo está pasando. Está enferma y tiene que vivir así», relata, asumiendo la defensa de su madre y de decenas de vecinos. Adultos mayores que duermen con baldes junto a sus camas, ventanas que no cierran y filtraciones crónicas son el pan de cada día. La ironía más cruel es que algunos fallecieron esperando las reparaciones, y con ellos, sus familias perdieron el subsidio, ya que los proyectos no eran heredables.
Recortes y Arbitrariedad: Cuando el Presupuesto se Vuelve en Contra
El proyecto original contemplaba una remodelación integral: aislación en muros y techos, recambio de puertas aislantes, sustitución de pizarreños por zinc, y extractores para baños y cocinas. El objetivo era claro: cerrar térmicamente las casas, mejorar su eficiencia energética y, fundamentalmente, la salud de sus ocupantes. Sin embargo, el paso del tiempo, el alza en el costo de los materiales y un «significativo recorte del financiamiento comprometido» dejaron el presupuesto obsoleto. La solución de las autoridades fue brutalmente simple: recortar las obras.
«En mi caso, solo alcanzaba para el muro norte y frontal, por lo que el techo quedó sin intervenir y se gotea. Si no firmaba, perdía el subsidio. Así de arbitrario», denuncia Jaqueline Poblete, parte de la directiva del comité habitacional.
Los proyectos fueron presentados en septiembre (Flores I) y octubre (Flores II) de 2024, pero entregados a las familias meses después, ya con los presupuestos recortados y sin permitir una revisión detallada. «Llegaban y te decían ‘firme en aprobación o deberá renunciar al proyecto’. Nosotros no somos ni ingenieros ni constructores», lamentan los vecinos, sintiéndose acorralados.
Un Calvario de Empresas Fallidas
La gestión del proyecto ha sido un rosario de errores. En estos seis años, dos empresas han estado a cargo, ambas fallidas en el manejo del asbesto, un material altamente tóxico presente en los techos y estructuras. La primera, Constructora Arabar (2021-2022), vio sus dos planes de manejo rechazados por las autoridades, pero aun así realizó trabajos en terreno con los residentes en sus domicilios, exponiéndolos a graves riesgos de salud.
La segunda, Pocetti SPA, enfrentó la misma situación: dos planes de manejo y dos rechazos de la Seremi de Salud. Tienen hasta julio para presentar una tercera estrategia. Para colmo, uno de los errores más insólitos de Pocetti fue -según los vecinos- presentar su primer plan con la Junta de Vecinos equivocada: en lugar de Flores I, lo ingresaron a nombre de Villa Las Quintas, en el otro extremo de la ciudad. Para los vecinos, esto es una muestra más de la negligencia desde el inicio.
«Nos dijeron que el retiro del asbesto se haría con seguridad, con trabajadores usando trajes especiales, mascarillas y todo, según protocolo. Pero vimos gente trabajando sin guantes, sin mascarillas, como si estuvieran sacando cartón. ¿Dónde estaban los fiscalizadores y las garantías de seguridad para nuestras familias?», claman los integrantes del comité. La responsabilidad, a su juicio, recae no solo en la empresa, sino en la Entidad de Gestión Inmobiliaria Social (EGIS), el Servicio de Vivienda y Urbanismo (Serviu) y el municipio. Un informe de la Contraloría General de la República (CGR) sobre el proyecto, señalan los vecinos, omitió los cuatro años previos de paralización, comenzando su fiscalización solo desde que Pocetti tomó las riendas.
Casas que se Lluven y una Dignidad Olvidada
Desde febrero, las obras están completamente paralizadas, dejando un rastro de deficiencias: puertas que no encajan, pisos disparejos y extractores de aire sin instalar. Solo tres casas están «terminadas», aquellas cuyos casos particulares no incluían el recambio de techumbres. La Seremi de Salud ha confirmado que, si bien se presentó un nuevo plan de acción para reactivar las obras, este fue rechazado (el cuarto rechazo desde 2020), y aún no hay una resolución definitiva.
«Esto no es solo un problema de plata o de gestión: es un tema humano. Son adultos mayores que merecen vivir con dignidad. ¿Cuántos inviernos más tienen que esperar para que se les cumpla lo prometido?», reflexiona Verónica Rivera. Durante los días de lluvia, la cruda realidad se impone: los adultos mayores pasan la noche junto a las estufas, sin dormir, vaciando baldes para contener las goteras. «Es mejor pasar de largo que estar levantándose a cada rato a vaciar los baldes o encontrarse con la casa inundada a la mañana siguiente», relata Poblete.
El colmo de la situación es que, pese a las pésimas condiciones, las viviendas no pueden ser reparadas o intervenidas por los propios vecinos, ya que cualquier modificación implica la pérdida del subsidio y, con ello, el apoyo estatal prometido. Una cruel paradoja para estas 51 familias de Los Ángeles, abandonadas en un frío invierno de promesas rotas.
SOJ





