Este domingo 18 de mayo se cumplen dos décadas de la mayor catástrofe sufrida por el Ejército de Chile en tiempos de paz: la tragedia de Antuco. Aquella fatídica «marcha de la muerte» arrebató la vida a 44 jóvenes conscriptos y al suboficial Luis Monares, quienes perecieron durante una caminata de instrucción en condiciones climáticas extremas e inhumanas. El escenario de esta tragedia fue la ruta entre el refugio militar Los Barros y La Cortina, en las faldas del volcán Antuco, con la imponente Laguna del Laja como testigo mudo en la cordillera de la Región del Biobío. Las temperaturas descendieron hasta los escalofriantes -35°C.

Ministro Álvaro Elizalde.
En esta significativa fecha, en el marco del Día del Conscripto, el Ejército de Chile realizó la ceremonia conmemorativa a las 10:00 horas en el destacamento de montaña de Los Ángeles, Regimiento Reforzado N° 17. Este acto honró la memoria de los jóvenes soldados que perdieron la vida en Antuco, una herida que aún perdura en la memoria nacional. Se contó con la presencia de la ministra de Defensa, Adriana del Piano, el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, y el comandante en jefe del Ejército, general Javier Iturriaga del Campo.

Ministra de defensa Adriana del Piano.
Posteriormente, desde las 12:00 horas, se desarrolló la ceremonia en el Memorial Mártires de Antuco, ubicado en la intersección de Avenida Alemania con Marconi, en la comuna de Los Ángeles. Allí, el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, junto a la ministra de Defensa, la alcaldesa de la comuna, José Pérez, y familiares de los soldados conscriptos, participaron en la colocación de ofrendas florales en memoria de las víctimas.
Un Recuento Doloroso de Hace 20 Años
Entre las víctimas fatales se encontraban los 44 soldados conscriptos y el sargento Luis Monares, encargado del abastecimiento de la tropa. Los oficiales a cargo de la instrucción, el Coronel Roberto Mercado, el Teniente Coronel Luis Pineda y el Mayor Patricio Cereceda, fueron destituidos tras una investigación administrativa. Milagrosamente, 22 conscriptos lograron sobrevivir a la tragedia, algunos de los cuales continúan sirviendo en el Ejército.
La investigación posterior reveló negligencias graves en la planificación y ejecución de la marcha, así como una alarmante falta de previsión ante las alertas meteorológicas que advertían sobre las condiciones extremas en la zona. La orden perentoria de retornar a Los Ángeles ese mismo día, para participar en la revista previa a los homenajes de las Glorias Navales, primó sobre la seguridad y el sentido común, ignorando el inminente «viento blanco» y las temperaturas letales.
El sargento Luis Monares Castillo, de 44 años, se erigió como un héroe en medio de la tragedia. Testimonios desgarradores lo describen abrazando a uno de sus jóvenes reclutas en un desesperado intento por protegerlo del frío. A pesar de no contar con formación de montaña ni vestimenta adecuada para la nieve, Monares, con su propia acción, logró salvar la vida de varios conscriptos que solo disponían de uniformes de tela y, en algunos casos, calzado deportivo. Sin su valiente intervención, el número de fallecidos podría haber sido aún mayor.
La noticia de la tragedia conmocionó profundamente a la nación y marcó un punto de inflexión en la historia del Ejército chileno. Durante estos 20 años, las familias de las víctimas han mantenido viva su memoria, exigiendo justicia y buscando respuestas. Se han realizado emotivas ceremonias conmemorativas en el lugar de la tragedia y se han erigido memoriales en Antuco y en Los Ángeles.
Si bien la justicia determinó responsabilidades y se otorgaron reparaciones a algunas familias y sobrevivientes, la herida de Antuco sigue abierta y latente en la memoria colectiva. Muchos de los sobrevivientes aún enfrentan secuelas físicas y psicológicas.
A dos décadas de este doloroso suceso, Chile recuerda con profunda tristeza a los 45 jóvenes que perdieron la vida en el volcán Antuco, honrando su sacrificio y reflexionando sobre la crucial importancia de la responsabilidad, la seguridad y la preparación rigurosa en las actividades militares, con la firme esperanza de que una tragedia de esta magnitud jamás vuelva a repetirse.
SOJ





