El corazón de Roma latió al unísono con el mundo entero mientras el féretro del Papa Francisco, escoltado por el icónico papamóvil, emprendía su último viaje hacia la Basílica de Santa María la Mayor. Este sábado, la Ciudad Eterna se convertirá en el escenario de un adiós sin precedentes, marcando el fin de un pontificado de 12 años que resonó con la voz de los marginados, la defensa del planeta y la búsqueda incansable de justicia.
El cortejo fúnebre, un río blanco de esperanza y memoria, serpenteó por las calles milenarias de Roma, rozando el Coliseo y los Foros Imperiales, testigos silenciosos de la historia. Miles de almas se congregaron a lo largo del camino, despidiendo con respeto y admiración al líder espiritual que trascendió fronteras.
La jornada había comenzado en la Plaza de San Pedro, un crisol de naciones y credos, donde 250,000 personas, incluyendo líderes mundiales como Donald Trump, Javier Milei, Emmanuel Macron y Volodímir Zelenski, se unieron en un homenaje solemne. El cardenal decano Giovanni Battista Re, con palabras cargadas de emoción, recordó los «innumerables» esfuerzos del Papa Francisco por los migrantes y refugiados, desde las costas del Mediterráneo hasta las fronteras de México. «Fue un papa en medio de la gente, con el corazón abierto hacia todos», enfatizó, destacando su «especial atención» a los «últimos de la tierra, los marginados». Las críticas del Papa a las políticas migratorias resonaron, incluso en la presencia de Trump, quien, paradójicamente, lo describió como un hombre «fantástico».
La Basílica de San Pedro también fue testigo de un encuentro significativo entre Trump y Zelenski, un preludio tenso a la solemne ceremonia. En medio de la búsqueda de la paz en Ucrania, el cardenal Re recordó la voz incansable del Papa Francisco, implorando «la sensatez, la negociación honesta para encontrar soluciones posibles» a los conflictos que azotan el mundo.
El fervor popular, palpable en cada rincón de Roma, atrajo a fieles de todos los rincones del planeta, algunos llegando de madrugada para asegurar un lugar en el funeral. Entre la multitud, la presencia de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, añadió un matiz de complejidad a la despedida. Durante tres días de capilla ardiente, 250,000 personas rindieron tributo al Papa, desafiando las horas y el cansancio. Decenas de líderes mundiales, incluyendo Luiz Inácio Lula da Silva, Daniel Noboa y los reyes de España, Felipe VI y Letizia, se unieron a la despedida.
El Papa Francisco, líder de 1.300 millones de católicos, falleció el 21 de abril a los 88 años, tras una vida dedicada al servicio y la defensa de los más vulnerables. En su Argentina natal, la distancia horaria no impidió que se organizaran vigilias para seguir el funeral, uniendo corazones a través del océano.
Con la partida del Papa Francisco, el mundo católico se prepara para un nuevo capítulo. El cónclave para elegir a su sucesor, un proceso cargado de tradición y expectativa, se convocará en los próximos días, marcando el inicio de una nueva era para la Iglesia.
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