Según el Banco Mundial, se espera que el crecimiento global se mantenga en un promedio de 2,7 % durante 2025 y 2026. Sin embargo, la economía internacional parece estabilizarse en un nivel de crecimiento bajo, insuficiente para garantizar un desarrollo sostenido. Este panorama enfrenta posibles obstáculos adicionales, como incertidumbre en las políticas, cambios adversos en el comercio internacional, tensiones geopolíticas, inflación persistente y desastres naturales relacionados con el cambio climático. Y en el caso específico de Sudamérica, se espera un crecimiento económico moderado, ligeramente superior al crecimiento registrado en 2024. En países como Brasil, Colombia, Chile y Perú, los bancos centrales continúan luchando contra una inflación persistente. Aunque las tasas de interés han disminuido en algunos casos, se espera que mantengan un enfoque cauteloso para evitar desequilibrios económicos significativos.
Recuperación de Argentina
El crecimiento de la región está impulsado por la recuperación económica de Argentina, que vuelve a crecer tras dos años de contracción económica severa. Sin embargo, esta nación no es la que crecerá más porcentualmente en Sudamérica. Guayana es la nación que más crecería en los próximos dos años (12,3% en 2025 y 15,7% en 2026). Esto se debe al descubrimiento y explotación de vastas reservas de petróleo en alta mar. Desde que Exxon Mobil inició la producción en 2019, la extracción de crudo ha aumentado significativamente, alcanzando aproximadamente 645 mil barriles diarios en 2024. Este auge petrolero ha posicionado a Guyana como el quinto mayor exportador de crudo en América Latina, sólo detrás de Brasil, México, Venezuela y Colombia. En 2024, el país exportó 225 cargamentos de petróleo, lo que generó ingresos sustanciales y contribuyó a un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 43,6% en ese año.
Además del petróleo, el Gobierno guyanés está invirtiendo en infraestructura y programas sociales para diversificar la economía y garantizar que la riqueza generada beneficie a toda la población. Estas iniciativas incluyen mejoras en educación, salud y transporte, así como incentivos para atraer inversiones en sectores como la agricultura y el turismo. Pero, ¿cómo le irá al resto de Sudamérica en los próximos dos años? En el caso de Brasil, la mayor economía de la región, se espera que el crecimiento se desacelere este año a un 2.2%. Este resultado está influido por políticas monetarias restrictivas y un apoyo fiscal limitado, lo que afecta su capacidad de expansión económica. Argentina, por su parte, dejaría atrás dos años de recesión, con un notable repunte económico. Se proyecta un crecimiento del 5% para este año y del 4.7% en 2026, lo que refleja un esfuerzo importante por reactivar su economía tras un período de contracción prolongada. Mientras tanto, Chile enfrenta una desaceleración económica, pasando de un crecimiento estimado del 2,4% en 2024 a un 2,2% en 2025.
Chile: amenaza de crecimiento limitado
Colombia muestra un escenario más optimista, con un crecimiento proyectado que pasa del 1,7% en 2024 al 3% en 2025. Este avance está respaldado por la recuperación del consumo y la inversión privada, siempre y cuando se logre mantener la inflación bajo control. En el caso de Perú, el Banco Mundial prevé un crecimiento del 2,5% en 2025, impulsado principalmente por las inversiones en minería, aunque el consumo interno podría experimentar una moderación, lo que limitaría en parte su expansión económica.
A nivel regional, los riesgos persisten y son significativos. La inestabilidad fiscal, la persistencia de una inflación elevada y las políticas monetarias más estrictas se perfilan como obstáculos importantes para el crecimiento. Además, la economía de Sudamérica enfrenta la amenaza de un crecimiento limitado en China, que podría reducir la demanda de productos básicos esenciales para países como Chile y Perú. En el caso chileno, casi el 40% de sus exportaciones están destinadas al mercado chino, mientras que aproximadamente el 30% de las exportaciones peruanas tienen el mismo destino, lo que los hace especialmente vulnerables a cualquier desaceleración económica en el gigante asiático.
Argentina: ingresos históricos
Como se mencionó previamente, la economía argentina está mostrando signos de recuperación debido a una combinación de medidas y condiciones favorables. Uno de los aspectos clave ha sido la mejora en el balance fiscal, con el primer superávit registrado en más de una década. Esto ha sido posible gracias a un control más estricto del gasto público, lo que ha generado confianza en los mercados y ha reducido presiones sobre las finanzas del país. Otro factor importante es la disminución de la inflación, que ha pasado de niveles extremadamente altos a cifras más manejables. Las políticas económicas implementadas han ayudado a estabilizar los precios, lo que a su vez ha contribuido a mejorar el poder adquisitivo de la población y las condiciones para la inversión. Esta desaceleración en el aumento de precios ha sido destacada incluso por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, que considera este avance como significativo.
Además, el comercio exterior ha desempeñado un rol fundamental en esta recuperación. Las exportaciones de productos agrícolas y energéticos, impulsadas por el desarrollo de recursos como Vaca Muerta y por condiciones climáticas favorables, han generado ingresos históricos para el país. Esto ha permitido a Argentina alcanzar un superávit comercial récord, fortaleciendo su posición económica frente al exterior. Por último, las proyecciones para los próximos años son optimistas. Se espera que sectores como la agricultura, la minería y la energía continúen siendo motores del crecimiento económico, con un Producto Bruto Interno que podría expandirse significativamente en el corto plazo. Esta combinación de factores ha situado a Argentina en un camino de recuperación económica que, aunque aún enfrenta desafíos, muestra resultados prometedores.
¿Y la economía uruguaya?
La economía uruguaya ha mostrado signos de recuperación en 2024, con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 4,1% en el tercer trimestre en comparación con el mismo período del año anterior. Este repunte se atribuye principalmente al incremento en las exportaciones y a la reactivación de sectores clave como la industria manufacturera y el comercio. Para 2025, las proyecciones económicas son moderadamente optimistas. El Banco Mundial anticipa un crecimiento del PIB uruguayo del 2,6%, manteniendo una tendencia positiva aunque con una ligera desaceleración respecto al año anterior. Por su parte, la agencia calificadora Moody’s prevé un crecimiento del 3%, destacando que Uruguay superará su desempeño económico previo a la pandemia.
Sin embargo, ciertos desafíos persisten. El núcleo industrial, que excluye sectores como la producción de celulosa y bebidas, experimentó una disminución del 1,7% en noviembre de 2024, reflejando dificultades en áreas específicas de la industria manufacturera. Además, aunque la pobreza general se mantiene en torno al 10,1%, la pobreza infantil ha aumentado, afectando al 20,1% de los niños menores de seis años, lo que indica una creciente desigualdad que requiere atención. En el ámbito político, la reciente elección de Yamandú Orsi del Frente Amplio como presidente introduce nuevas expectativas económicas. La administración entrante ha manifestado su compromiso de mantener la estabilidad macroeconómica y mejorar la distribución del ingreso, enfrentando retos como la pobreza y la inseguridad.





