El Agua ya no es infinita o ¿El Agua justifica los medios?

Hemos visto en primera persona o al menos por las noticias y redes sociales, cómo se inunda el país cada vez que hay frentes de mal tiempo. Decir se “nos” ha inundado el país, no es un decir nada más. Es que se ajusta esa palabra a nuestra propia responsabilidad con el manejo de nuestro más preciado recurso vital: el agua.

Ya en calma tras la tormenta, podemos reflexionar sobre algunos alcances que, por lo demás, desde siempre han sido tema en torno al agua. Sin siquiera adentrarnos en buscar el origen de estas últimas lluvias, las que han sido torrenciales y breves, pero muy intensas, podemos sí decir que estamos ante una situación que cada día se vuelve más compleja, a medida que pasa el tiempo. Un punto clave está en la gestión de las aguas lluvias, algo que sí sabían hacer nuestros antepasados…tanto europeos como americanos.

Los romanos diseñaron increíbles acueductos que hasta el día de hoy podrían funcionar, pero no sólo eran expertos en canalizar el agua para el consumo y la higiene, sino que el agua era también parte de su propia cultura e identidad. Famosos por sus acueductos, estos distribuían el líquido vital por gran parte del imperio, quedando algunos intactos como el de Segovia en España.

Y si miramos más de cerca nuestra propia historia latinoamericana, los incas también regaron sus cultivos con acueductos, los que aportaban agua potable y para el baño, a la población de su imperio andino. Ellos tenían un increíble método de gestión del agua, que permitía surtir sectores con escasez de este recurso, simplemente desviando los cursos, ya sea por canales o por túneles subterráneos. Drenajes de agua han existido desde tiempos inmemoriales, y somos sedentarios en buena parte gracias a que hemos “dominado” el recurso- agua.

¿Y qué pasa en nuestro siglo XXI? ¿Hemos aprendido o desaprendido de nuestros antepasados y cómo se entendían con el agua? ¿Acaso se nos ha olvidado toda esa sabiduría de nuestras civilizaciones antiguas? Tan sólo un ejemplo: lo que habría detonado el ya famoso socavón de Reñaca, fue justamente una concentración inusual de aguas lluvias cuyo caudal hizo colapsar, en muy corto tiempo, un terreno que ha sido degradado en el tiempo dada la ingente construcción de grandes edificios en el sector. Esto se pudo haber previsto con una gestión más integral y circular del territorio. En otras palabras, el aumento de la densidad poblacional, la deforestación, todo ello unido a los vaivenes del cambio climático, y la construcción inorgánica, nos están diciendo que hay que pensar en nuevas estrategias para enfrentar de mejor manera estos embates.

En la región de los Ríos y Los Lagos, podemos decir que tienen una “cultura” del agua, y donde el uso de un paraguas genera risa, por cuanto el agua y el viento no le dan tregua. Aún así, nos encontramos con que existen ahí períodos de estrés hídrico para el uso agrícola. Parece increíble, pero es que los suelos, para ser agrícolas, pierden la capacidad de retener el agua. Para qué hablar de los suelos urbanos, los que son impermeables …el hormigón sólo permite que escurra el agua sin límites. Sin embargo, nuestros embalses presentan la parte positiva, con sus capacidades en franca recuperación. Pero hoy, más del 85% de las aguas lluvias sigue llegando directo al mar, sin aprovecharse para el consumo humano. Sin ir más lejos, el agua estancada, tan propia de los escenarios urbanos post-tormentas, es el hábitat ideal para bacterias, mosquitos entre ellos el Dengue, que en los últimos meses ha sido noticia en el ámbito sanitario de Chile.

En el caso de Alemania, por ejemplo, los estados federados, articulados con el Gobierno federal y las autoridades locales, en conjunto comparten una responsabilidad por la gestión hídrica. Ahora, no todo está perdido, y aún podemos ser optimistas, pero con acciones. Nuestras ciudades pueden y deben enfrentar este tema tomando algunas medidas urgentes y otras de más largo plazo, como éstas: diseño independiente de evacuación de aguas lluvias, diferenciadas de las sanitarias, de modo de no generar contaminación; los suelos, van mucho más allá que acciones municipales para su diseño en medio de la ciudad. Debiese haber un plan a escala nacional, comunal y de barrio, es decir, incluyendo a las comunidades; diseño de suelos más permeables y más “inteligentes”, de manera que puedan absorber y también acumular agua; participación ciudadana más activa, sobre todo considerando que hoy la ciudadanía está cada día más sensible a temas ambientales, y por tanto los vuelven más suyos; cubiertas de edificios captadoras y acumuladoras de agua; drenajes de agua pluvial integrados en la trama urbana. 

Cada ciudad debiese tener una estrategia propia al respecto, ya que cada ciudad es distinta; estanques a escala de barrio que puedan suplir carencias de agua o bien ser una respuesta a emergentes incendios; reforestación de las ciudades, considerando que más del 50% de la población del mundo es urbana. ¡Lo que parece ser una certeza es que estos “desastres naturales”, los que ya vemos que no son tan “naturales”, irán claramente en aumento! De modo que se debería actuar cuanto antes. Y cada uno de nosotros está en potencial de aportar desde su parcela o espacio.
¡Vamos por un Chile y un planeta con más y mejor agua para nuestras ciudades!

Alan Fox Igualt, académico de Campus Creativo, UNAB Sede Viña del Mar.