Indignante. Enojoso. Insoportable lo que está pasando hoy en este vapuleado país. Por la mañana me desplacé hacia la sala donde está afincado mi televisor. Lo encendí para saber qué estaba sucediendo con el acto conmemorativo del Día del Trabajador en la capital del reino, el cual había sido programado por la Central Unitaria de Trabajadores de Chile (CUT). Por cierto, respetable entidad gremial. Con historia. Y, obviamente, una necesaria actividad con la presencia inapelable de las autoridades que habitan el Palacio de La Moneda. Pues me hallé con todos los canales exhibiendo, en pantalla dividida, la enorme templanza y benignidad con que suelen desarrollarse estos proverbiales y clásicos eventos, mientras en un vértice de la pantalla del monitor se mostraba lo que acontecía en otros puntos estratégicos de la comarca chilensis (un epíteto geográfico que alude a su localización en Chile).
Allí no había personajes exponiendo ideas, causas, reivindicaciones o lamentos. Lo que evidenciaba era nuestra realidad en toda su crudeza y malignidad: una concurrida banda de malhechores encapuchados, provistos de mochilas cargadas con voluminosas piedras y vestidos muchos de color negro (curiosa sincronía), lanzando bombas molotov hacia el interior de la estación central de trenes; otros destruyendo (como hace un tiempo) refugios peatonales, quioscos, semáforos, cámaras para poder visualizar justamente lo que estaba sucediendo, etcétera; y otros incendiando vehículos, haciendo barricadas, destrozando y saqueando locales de pequeños comerciantes allí mismo y en las inmediaciones.
Todo aquello, al día siguiente del alevoso asesinato de tres jóvenes carabineros en Cañete, Provincia de Arauco. Al menos, digo yo, «respetaron» los tres días de duelo decretados por el Gobierno. Si lo que expuso la TV durante la mañana de este miércoles Primero de Mayo (fecha sacral e inmutable para los trabajadores) no hace pensar a los televidentes de «buena crianza» que vamos en caída libre hacia el despeñadero, puede significar que hace rato ya perdimos la capacidad de raciocinio … Habrá que seguir «pensando positivo».
* Antonio Álvarez Bürger, periodista





