Carta al Director: El trabajo que no termina

Caroline Landeros
Directora de Terapia Ocupacional U. Andrés Bello

Ordenar, cocinar o limpiar pueden parecer tareas simples, pero sostener un hogar exige mucho más que esfuerzo físico. Implica planificar, recordar, anticipar necesidades, organizar tiempos, tomar decisiones y resolver problemas cotidianos. Es lo que conocemos como carga mental: un trabajo invisible que también cansa.

A diferencia del empleo remunerado, las responsabilidades domésticas muchas veces no tienen horarios, pausas definidas ni un momento claro en que la jornada termina. Para quienes además trabajan fuera del hogar, ambas demandas se superponen y terminan restando tiempo al descanso, al ocio y a otras actividades necesarias para el bienestar.

El problema tampoco es solamente individual. Históricamente, esta carga doméstica y de cuidados ha recaído principalmente sobre las mujeres. Por eso, la solución no puede limitarse a aprender a organizar mejor el tiempo.

Necesitamos hablar de corresponsabilidad: compartir no sólo quién cocina, limpia o compra, sino también quién recuerda que hay que hacerlo. Una distribución más justa de las tareas significa repartir también aquello que no se ve. Porque sostener la vida cotidiana es un trabajo, incluso cuando nadie lo llama así.