Cuando la presión engaña

Entramos a la consulta, nos sentamos frente al profesional de salud, aparece el tensiómetro y ocurre algo inesperado: la presión arterial está elevada. La sorpresa es mayor cuando las mediciones realizadas tranquilamente en casa suelen mostrar valores normales. ¿Cuál de las dos cifras debemos creer?

Este fenómeno se conoce como hipertensión de bata blanca. Es una respuesta involuntaria del organismo ante el estado de alerta, estrés o ansiedad que algunas personas experimentan al encontrarse en un ambiente clínico. Basta, en ciertos casos, cruzar la puerta de una consulta para que la presión aumente transitoriamente. El problema aparece cuando interpretamos una medición aislada como si necesariamente representara lo que sucede durante todo el día. La presión arterial no es una fotografía inmóvil: puede variar dependiendo de nuestras actividades, emociones y circunstancias. Por eso, distinguir una hipertensión sostenida de aquella que aparece únicamente frente a la “bata blanca” requiere observar qué ocurre fuera de la consulta.

Una herramienta especialmente útil es el Monitoreo Ambulatorio de Presión Arterial (MAPA), dispositivo que registra las cifras durante 24 horas mientras la persona trabaja, descansa y duerme. Las mediciones estructuradas realizadas correctamente en el hogar también pueden entregar información valiosa. En otras palabras, necesitamos conocer la presión del paciente en su vida cotidiana y no solamente durante algunos minutos frente al médico.

Pero tampoco debemos caer en el extremo contrario y considerar la hipertensión de bata blanca como una simple anécdota. Aunque una persona no presente actualmente hipertensión sostenida, este fenómeno puede advertir un mayor riesgo de desarrollarla posteriormente. Más que generar alarma, debería convertirse en una oportunidad para mantener controles y preocuparnos tempranamente de nuestros hábitos. En ese seguimiento, medirse correctamente importa tanto cómo hacerlo. Tomarse la presión después de beber café, realizar ejercicio intenso o fumar puede alterar el resultado. Lo recomendable es evitar estas actividades durante los 30 minutos previos, descansar al menos cinco minutos y realizar la medición sentado, con la espalda apoyada, los pies sobre el suelo y el brazo descansando a la altura del corazón. Tampoco deberíamos hablar o mirar el celular mientras el equipo realiza la lectura.

Quizás la hipertensión de bata blanca también nos deja una reflexión más amplia. En medicina, un número puede entregar información muy importante, pero necesita contexto. Una cifra elevada no siempre cuenta toda la historia y una medición normal tampoco debería llevarnos automáticamente a despreocuparnos. Por eso, frente a resultados diferentes entre la consulta y el hogar, la respuesta no está en elegir la cifra que más nos tranquiliza, sino en comprender por qué son distintas. A veces, escuchar correctamente lo que nuestro cuerpo intenta decirnos requiere medirlo más allá de la consulta.

*  José Tomás Cáceres, académico de Medicina, U. Andrés Bello