María Paz Bertoglia
Epidemióloga Instituto de Salud Pública UNAB
Chile acaba de sumar la vacuna PCV20 al Programa Nacional de Inmunizaciones. Detrás de ese anuncio hay una cifra que merece atención: los casos confirmados de enfermedad neumocócica invasora pasaron de 400 en 2022 a 773 en 2025, casi el doble en tres años.
Parte de ese salto se explica por el rebote esperable tras el período de restricciones sanitarias, cuando la circulación de agentes respiratorios cayó por esa causa. Pero la tendencia no se detuvo ahí. A ella se suma un fenómeno bien documentado en los países con programas de vacunación consolidados: el reemplazo de serotipos. Al reducirse los tipos cubiertos por la vacuna en uso, otros que no estaban contemplados encuentran espacio para circular y ocupar el nicho que dejan los primeros. Ese proceso no es un fracaso de la vacunación, es su consecuencia natural, y exige actualizar las fórmulas cuando la evidencia lo indica. La PCV20 amplía la cobertura de 13 a 20 serotipos y responde precisamente a esa señal epidemiológica.
Hay además un problema que la Organización Mundial de la Salud viene advirtiendo desde 2024: el neumococo acumula resistencia a los antimicrobianos, lo que reduce las opciones de tratamiento en los cuadros más severos. Vacunar es también una política de control de esa resistencia. Menos otitis y menos neumonías significan menos uso de antibióticos y, por esa vía, menos presión selectiva sobre la bacteria. El desafío ahora es sostener coberturas altas y seguir vigilando cómo se comportan los serotipos en los próximos años, para que esta decisión se traduzca en menos hospitalizaciones y menos muertes.





