Psicóloga pone en tela de juicio las intervenciones musicales en el Metro de Santiago: ¿Posible rechazo de los pasajeros?

* Las reacciones frente a los músicos que realizan presentaciones en los vagones pueden ir desde el disfrute hasta la incomodidad. Angélica Bastías, académica del Centro de Atención Psicológica (CAPSI) de la Universidad Andrés Bello, plantea que estas experiencias deben comprenderse considerando tanto las condiciones del viaje como el contexto de estrés y bienestar en que se desenvuelven los pasajeros.

Las intervenciones de músicos y otros artistas en los vagones del Metro forman parte de una experiencia que puede generar reacciones muy distintas entre los pasajeros. Mientras algunas personas disfrutan de las presentaciones, otras sienten molestia, cansancio o incomodidad, e incluso pueden experimentar culpa por no reaccionar positivamente frente a quienes realizan estos espectáculos. El fenómeno ha generado debate en redes sociales, particularmente por tratarse de una práctica no autorizada en la red de Metro. Videos de músicos, bailarines y freestylers realizando presentaciones en los vagones se han viralizado durante los últimos años, exponiendo también las distintas respuestas de quienes comparten esos espacios.

Para Angélica Bastías, académica del Centro de Atención Psicológica (CAPSI) de la UNAB, el primer punto es evitar asumir que estas intervenciones necesariamente producen rechazo. “Primero habría que pensar si estas intervenciones producen necesariamente rechazo”, sostiene. La especialista explica que la experiencia puede variar considerablemente, según la persona y las circunstancias del viaje. “La experiencia puede ser bastante diversa: a veces un espectáculo musical resulta agradable, saca una sonrisa o incluso recibe aplausos; en otras ocasiones puede generar incomodidad”, señala.

En este contexto, Bastías plantea que la culpa puede aparecer cuando el pasajero interpreta su propia molestia como una falta de empatía hacia el artista. “La culpa podría aparecer cuando la persona interpreta ese malestar como una falta de empatía o siente que no está considerando que el artista probablemente está allí intentando ganarse la vida”, explica. Sin embargo, sentir incomodidad no implica necesariamente una falta de consideración hacia quien realiza la presentación. “Reconocer esa realidad no obliga a disfrutar de la intervención ni invalida la necesidad de silencio o tranquilidad durante el viaje”, sostiene.

Un espacio que también cumple una función de descanso

Más allá de la reacción individual frente a la música, Bastías invita a observar las condiciones en que ocurre el encuentro. El Metro es un espacio de tránsito compartido por personas que, en muchos casos, llegan después de extensas jornadas de trabajo y deben desplazarse en vagones congestionados y con distintos estímulos sonoros. “Es posible que estas reacciones expresen algo de las tensiones y del malestar presentes en nuestra vida cotidiana. Muchos pasajeros vienen de extensas jornadas laborales y se desplazan en espacios reducidos, congestionados y con un nivel de ruido que ya puede resultar estresante”, plantea. Desde esta perspectiva, la académica advierte sobre el riesgo de interpretar estas respuestas exclusivamente desde la psicología individual. Dice que “probablemente, si existieran mejores condiciones generales de bienestar, habría una mayor disposición hacia este tipo de estímulos”.

Por eso, agrega que “es importante no psicologizar una realidad que también se relaciona con condiciones compartidas de trabajo, transporte y vida en la ciudad”. Esta mirada permite entender el Metro no solamente como un medio para trasladarse de un punto a otro, sino también como un espacio en el que las personas atraviesan parte importante de su jornada. Para algunos pasajeros, ese trayecto puede representar uno de los pocos momentos disponibles para descansar, escuchar música con audífonos, leer o simplemente permanecer en silencio.

Cuando no es posible tomar distancia del sonido

Otro elemento relevante para Bastías es la particularidad de los estímulos auditivos. “La audición tiene una particularidad: no podemos dejar de escuchar con la misma facilidad con que podemos cerrar los ojos para no ver”, explica. Esta característica adquiere especial importancia dentro de un vagón, donde las posibilidades de alejarse de una fuente sonora son limitadas. Añade que dentro de un vagón, además, el pasajero tiene pocas posibilidades de tomar distancia”. Por ello, plantea que la discusión también debería considerar las condiciones en que se desarrollan estas intervenciones.

“Por eso son importantes la regulación del volumen, la duración y los espacios destinados a estas expresiones, considerando también a personas con sensibilidad sensorial o una especial sensibilidad frente a los sonidos”, argumenta. La reflexión apunta así a un equilibrio entre las distintas experiencias que confluyen en el transporte público: quienes encuentran en la música una forma de expresión o de generación de ingresos, y quienes necesitan desplazarse en un entorno que les permita descansar o regularse después de una jornada exigente.