«Pagarán las consecuencias»: Trump da por muertas las negociaciones con Irán tras la peor noche de hostilidades. Se esfuman esperanza de paz

La tensión en Medio Oriente ha alcanzado un punto de no retorno. Tras la noche más violenta desde el alto el fuego del pasado 8 de abril, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio por terminada la paciencia de su administración. A través de su red social, Truth Social, el mandatario sentenció que Teherán tardó demasiado en negociar un acuerdo beneficioso y que ahora «tendrán que pagar las consecuencias».

El detonante de esta nueva escalada fue un ataque estadounidense en el sur de Irán, ejecutado como represalia por el supuesto derribo de un helicóptero en el estrecho de Ormuz. La respuesta de Teherán no se hizo esperar: afirmaron haber bombardeado 21 objetivos militares de EE. UU. en la región —incluyendo bases en Jordania, Kuwait y Baréin—, un contraataque que Washington desmiente categóricamente.

Ante este escenario de fuego cruzado, la vía diplomática parece haber colapsado. El portavoz de la cancillería iraní, Ismail Bagaei, enfrió la posibilidad de volver a las mesas de diálogo al declarar que «el proceso diplomático no se desarrolla en el vacío» y que revisarían su permanencia en las negociaciones.

La réplica de Trump fue fulminante, endureciendo su retórica al asegurar que el ejército enemigo está devastado:

«El ejército iraní es un completo desastre. Gran parte de él, como su Armada y Fuerza Aérea, ya ni siquiera existe; han sido totalmente derrotados».

El mandatario estadounidense también elogió el bloqueo naval en Ormuz, calificándolo como un «muro de acero» que está asfixiando económicamente al país, privándolo de ingresos para pagar a sus tropas y convirtiéndolo rápidamente en una «nación fallida».

Mientras la disputa geopolítica escala en las altas esferas, el impacto civil ya se siente en el terreno. Autoridades iraníes confirmaron que los bombardeos estadounidenses destruyeron torres de comunicación y dos plantas desalinizadoras en la zona de Sirik, una ofensiva que ha dejado a unas 20.000 personas sin acceso a agua potable.

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